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Alivio efímero


La alegría dura poco en la casa del pobre. Tras el anuncio de Rajoy de fijar para este año un déficit público del 5,8% frente al 4,4% comprometido, casi fue perceptible un suspiro de alivio en todo el país. Hasta el PSOE alabó la decisión y tanto en Bruselas como en Berlín refunfuñaron un poco pero de momento no han ido mucho más allá. Veremos cómo reaccionan hoy los mercados.
 
En cualquier caso, dejar el recorte en unos 30.000 millones de euros en lugar de elevarlo a los cerca de 45.000 millones que habría supuesto mantener el déficit del 4,4% siempre es motivo de alegría en una situación tan descarnada. Eso hace que, en este caso, el nuevo incumplimiento de Rajoy, que había jurado cumplir los mandatos de Bruselas sobre el déficit, sea visto incluso como una decisión acertada.

Sin embargo, a poco que se analice las implicaciones de la decisión (que no parece haber sido tan unilateral como al principio se supuso) se comprueba que el alivio será poco perceptible. Para empezar, porque esa previsión de déficit (que ya veremos si Bruselas termina aceptando o no) se hace en un panorama económico de recesión, con una previsión de que la economía se contraiga este año el 1,7% y que otras 600.000 personas se queden sin empleo, consecuencia en buena medida de la reforma laboral. De ahí que el margen de maniobra que le queda a Rajoy, aún después de este anuncio, sea cuando menos escaso.

En segundo lugar, porque el Gobierno parece decidido a cargar sobre las espaldas de las comunidades autónomas en torno a la mitad de esos casi 30.000 millones de euros que hay que recortar este año. Hasta las autonomía gobernadas por el PP empiezan a pedir agua por señas y a advertir de que ya no hay por donde meter la tijera sin deteriorar un poco más los servicios básicos. Nada digamos de las pocas en las que no gobierna el PP o de aquellas que, como Canarias, han sido más escrupulosas en el gasto público y se ven ahora abocadas a sufrir los mismos recortes que las más incumplidoras.

En tercer lugar, porque el Gobierno sigue escondiendo sus cuentas públicas para este año a la espera de que pasen las elecciones autonómicas andaluzas y asturianas. La incertidumbre que esa situación genera en las autonomías está crispando los nervios y, lo que es peor, acorta los plazos para los eventuales recortes que sea necesario acometer en sólo nueve meses.

Hay más razones: que este año cumplamos el 5,8% de déficit no nos eximirá, en principio, de no alcanzar el 3% fijado para 2013, otro año que se perfila ya como de más recortes. Y la cuarta razón, pero no la menos importante, para justificar que este anuncio de Rajoy sobre el déficit no es como para tirar demasiados cohetes, es que no parece tener intención del Gobierno de implementar medidas de reactivación económica sino que sigue fiando la recuperación a los ajustes y a los recortes, es decir el mismo tipo de medicina que nos sigue arrastrando por la pendiente en caída libre.

Tampoco se le ven intenciones de poner el acento en los ingresos por la vía, por ejemplo, de perseguir con verdadera eficacia el fraude fiscal o gravar adecuadamente las rentas más altas. Así las cosas y con este escenario, tiene uno la sensación de que el anuncio de que el déficit público de este año se queda en el 5,8% en lugar de en el 4,4% no ha servido para mucho más que para habernos aliviado un poco el fin de semana.   

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