"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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10 de marzo de 2012

La huelga que Rajoy se merece


No engañaba Rajoy cuando presumía en Bruselas ante sus colegas de que la reforma del mercado de trabajo que iba a aprobar su gobierno le costaría una huelga general. No iba de farol el presidente, al contrario, sabía bien de lo que hablaba y los hechos no han tardado en darle toda la razón. Rajoy, para no ser menos que Zapatero o que Aznar o que Felipe González, ya tiene también su huelga general, sólo que él ya sabía de antemano y con toda certeza que se la iban a convocar.

En realidad, puede decirse que cuando pensó en su reforma laboral lo hizo con la vista puesta no sólo en los sagrados mercados y en satisfacer los deseos de la patronal regalándoles una reforma claramente desequilibrada en beneficio de la parte empresarial, sino en la línea de flotación de los sindicatos en la que impacta de lleno y le abre una seria vía de agua.

Huelga inevitable

¿Qué podían hacer los sindicatos si no convocar una huelga general? No es realista, como hacen algunos, apelar al dialogo con el Gobierno ni confiar en que los aspectos más duros de la reforma como el drástico abaratamiento del despido y la simplificación de sus causas se suavicen en el trámite parlamentario del proyecto de ley.

Por tanto, ante una reforma que los sindicatos saben que no podrán modificar por la vía del diálogo con el Gobierno ni por la vía parlamentaria y que, además, cuestiona con tanta profundidad su propio papel en el nuevo marco de relaciones laborales que se perfila, su única alternativa era convocar una huelga general.

 Alto riesgo

Sin embargo, es una convocatoria extraordinariamente arriesgada por varias razones. El pesimista estado de ánimo económico de la sociedad española no es el caldo de cultivo más idóneo para que una huelga general tenga éxito y, aunque lo tuviera, eso no garantizaría una reforma menos agresiva para con los trabajadores. Por otro lado, debido a sus propios errores, los sindicatos son en parte responsables de generar escasa empatía social, a lo que hay que sumar la campaña inmisericorde de derribo y desprestigio mediático ya en marcha.

Cabe suponer que todos esos factores han sido cuidadosamente analizados y sopesados por las cúpulas de UGT y CCOO antes de dar un paso que, en última instancia, estaban obligadas a dar a pesar del riesgo de cosechar una magra respuesta como la que se produjo en la protesta general contra la reforma laboral de Rodríguez Zapatero.  

Hay razones

Sin embargo, hay razones de mucho peso para que la huelga general sea un éxito y el pesimismo reinante se torne en exigencia social clara  de que la vía marcada por los mercados y el Gobierno no es la que nos va a sacar de la crisis sino la que nos va a enterrar con ella.

La durísima reforma laboral que borra de un plumazo la cultura del diálogo y la concertación social de la democracia y deja inermes a los trabajadores ante los empresarios, es sin duda la razón más importante, aunque podrían añadirse varias más: ajustes y recortes que recaen una y otra vez sobre las mismas espaldas, actuación timorata cuando no claramente favorecedora de los grandes poderes financieros o involución ideológica en el terreno de las libertades. Argumento todos ellos de peso para que Mariano Rajoy tenga la huelga general que esperaba y que se merece.

 O dicho a la manera de Carlos Cano......




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