"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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19 de abril de 2012

Alivio para los elefantes


Vale. El Rey se ha disculpado, y con cara de no haber roto nunca un plato, ha dicho ante las cámaras de televisión que "lo siente mucho" y que "no volverá a ocurrir". Todo el país ha dado por sentado que se refería a la cacería de elefantes en Botsuana mientras en casa volvía a rondar la negra sombra del rescate económico y el Gobierno se ensañaba en su empeño de conducirnos a todos por la senda de la "recuperación y el crecimiento". Puede que hasta los elefantes de Botsuana hayan respirado aliviados al conocer las disculpas del Rey.

Pero ¿es suficiente? ¿hay que pasar página, considerar lo ocurrido como un error aislado, olvidar el pasado y volver al amor? Creo que no. Aunque la Casa Real anuncie ahora, a elefante pasado, que se estudiará con cuidado la agenda real, pública y privada, para no dar lugar a habladurías, es necesario hacer mucho más.

Empezando por definir con claridad y regular legalmente las funciones y obligaciones de la monarquía y de los miembros de la familia real, así como sus relaciones con el Gobierno. Tal vez si esto se hubiese hecho hace tiempo, si se le hubiesen marcado límites al Rey y a los miembros de su casa, si se le hubiesen trazado líneas rojas que en ningún caso debían traspasar, el Rey no habría tenido necesidad de adoptar ese gesto de niño pillado en un renuncio.

Y no estaríamos hablando hoy de sus medievales cacerías de elefantes indefensos o de osos borrachos, de los negocios turbios de sus parientes más allegados, de su propia presunta relación con ellos, de sus líos de faldas aireados en los últimos días pero conocidos sotto voce desde hace años o de la "soledad de la Reina". No están las cosas para perder el tiempo en estos asuntos aunque algo ha tenido de bueno todo lo ocurrido: por primera vez se ha hablado en España sin tapujos sabre la Casa Real y sus miembros.

Que en su vida privada el monarca y sus familiares pueden hacer de su manto un sayo como cualquier hijo de vecino nadie lo cuestiona. Sin embargo, el Rey y sus familiares no son cualquier hijo de vecino: viven de los presupuestos y asumen una responsabilidad pública de la que deben ser plenamente conscientes en todo momento, máxime en situaciones tan difíciles como las actuales.

El Rey ha demostrado en muchas ocasiones que lo es aunque en otras, como la última, la que asegura que no se volverá a repetir, no lo ha sido. La gran duda es si los políticos, tan poco proclives a pedir disculpas por sus diarias meteduras de pata aunque a veces - no siempre -  paguen sus errores en las urnas, algo por lo que el Rey no tiene que pasar, son capaces de una vez de enderezar el espinazo cuando se habla de la Casa Real.   

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