"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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11 de octubre de 2012

Españoleando

Después de escuchar al ministro de Educación, José Ignacio Wert, proclamar que “el objetivo del Gobierno es españolizar a los alumnos catalanes” corro en busca del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y me encuentro con estos tres significados de la palabra españolizar: a) dar carácter español; b) dar forma española a un vocablo o expresión de otro idioma; c) tomar carácter español o forma española. 
 
Tengo para mi que ninguna de estas tres acepciones se compadece mucho con lo que añadió a continuación el ministro para justificar el objetivo españolizador: conseguir que los alumnos se sientan tan orgullosos de ser catalanes como españoles. De acuerdo con las palabras del ministro y con el significado canónico de españolizar, sólo se puede ser español o catalán, las dos cosas a un mismo tiempo son un contrasentido.

¿Se inspiró Wert en esta viñeta de 1937?

Me pregunto si entre los objetivos del ministro y del Gobierno del que forma parte también figuran desvasquizar, desgalleguizar, descanarizar, desvalencianizar o desandalucizar, etc. a los respectivos alumnos de esos territorios y todo parece indicar que así será, ahora que el Ministerio va a ejercer un mayor control sobre los contenidos educativos que se imparten en las comunidades autónomas. Quisiera creer que el ministro pronunció su frase lapidaria influido por la proximidad del Día Nacional que se celebra mañana y que, a lo peor, le gustaría que se volviera a llamar Día de la Raza como en los viejos y buenos tiempos.

Opino, sin embargo, que lo que el ministro buscaba era atizar un poco más la hoguera del independentismo catalán en línea con las manifestaciones de otros dirigentes populares o miembros del Gobierno como el propio presidente Rajoy, que ha pasado de la algarabía y el lío al disparate colosal para referirse a lo que pasa en Cataluña. El objetivo último de esa estrategia de confrontación entre el nacionalismo español, jaleada por los medios afines al Gobierno, y el catalán parece apuntar en al menos dos direcciones: correr una espesa cortina de humo sobre los verdaderos problemas del país y mostrar músculo ante las aspiraciones soberanistas catalanas para rebañar algunos votos entre los catalanes españolizados en la cita electoral de noviembre.

Es una postura peligrosa y suicida porque va en sentido contrario a la necesidad de serenar los ánimos en un país que ya tiene demasiados incendios declarados como para atizar uno más, el de la españolización. Es cierto que en comunidades autónomas como Cataluña se ha hecho un uso abusivo de la llamada inmersión lingüística en detrimento del castellano, corregido luego a través de sentencias emitidas por el Tribunal Supremo.

Sobra por tanto la españolización que predica Wert porque tiene todo el aroma rancio de la época en la que el uso del catalán y otras lenguas se perseguía y castigaba y porque a todo un ministro de Educación se le supone que debe de manejar los conceptos y las palabras con mucha más exquisitez en lugar de buscar el aplauso que hoy le brindan unánimes los medios afines al Gobierno.

En realidad, todo esto da mucha pena y no contribuye en nada a mejorar el ánimo de un país golpeado por la crisis: en un mundo cada vez más mundializado en el que las fronteras empiezan a ser cosa del pasado, estos añejos debates de identidad excluyente por una y otra parte carecen de cualquier sentido y son una muestra más de falta de responsabilidad pública ante los verdaderos y graves problemas económicos del país.

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