"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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25 de septiembre de 2014

Cuentos chinos

Mariano Rajoy es como los malos periodistas, procura que los datos de la realidad no le estropeen un buen titular. También empieza a parecerse tanto a Rodríguez Zapatero que no resulta fácil decidir cuál de los dos se muestra más optimista a pesar de que las cifras digan todo lo contrario. Zapatero se parapetó en un optimismo carente de fundamento para negar la crisis y no cambió de postura hasta que el tsunami llamó a las puertas de La Moncloa. Después vino la caída del caballo y la no menos famosa intervención de julio de 2010 en el Congreso en donde dejó para los anales de la Cámara y del país aquello de que tomaría las medidas que España necesita aunque sean difíciles, “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Pero aquello ya es historia vieja y todos recordamos lo que les costaron sus medidas a los españoles y lo que le costaron al propio Zapatero. 

Ahora sigue sus pasos Rajoy quien, después de dejar a Ruiz – Gallardón fané y descangallado tras retirarle su proyecto más querido, la reforma de la Ley del Aborto, se ha ido a China a vender optimismo económico por los cuatro costados. Transcribo literalmente sus palabras en Pekín ante una selecta representación de empresarios chinos: “La situación económica de España es ahora diametralmente opuesta la que teníamos hace tres años, gracias a un cambio de rumbo decidido de la política económica y unas perspectivas indudablemente mejores”. Y remató: “España ha dado la vuelta a la situación y está creciendo, creando empleo, exportando, invirtiendo y haciéndolo de forma sostenida y sostenible”. Y, añado yo, los españoles sin enterarnos. Es verdad que no repitió lo de las raíces vigorosas de la economía española, aunque creo que al menos debió concluir con un ¡olé! para redondear la intervención. 

Supongo que Rajoy no cree en el falso tópico de que los chinos son tan tontos que se les pueda engañar como a tales. Puede que crea, en cambio, que como su democrático gobierno no les deja acceder a según qué páginas en internet no se han enterado de que la economía en la Unión Europea tirita de frío, que a Francia, Italia y a la propia Alemania le castañetean los dientes y que España no escapará a un agravamiento de su pulmonía si los motores que tiran del carro de la maltrecha Unión Europea siguen gripados durante mucho tiempo más. 

Para Rajoy no debe tener ninguna importancia que el presidente del BCE, Mario Draghi, haya dicho hace solo unos días que la economía de la eurozona está al borde de una nueva recesión – preciso que para los ciudadanos de a pie es la misma desde hace años - y que su propio ministro de Economía, Luis de Guindos, dijera también que como en el resto de Europa no mejoren las cosas significativamente España seguirá en estado de postración hasta Dios sabe cuándo. 


Él solo pretendía encandilar a los empresarios chinos con una España de la que sólo le faltó decir, como a Zapatero, que vuelve a estar en la Champions League de las economías del mundo mundial. Y en cuanto a lo de que se está creando empleo e invirtiendo que dijo Rajoy a los empresarios chinos será en los mundos de Yupi, que es en donde parece vivir el presidente. Bien está que el jefe del Ejecutivo se dé una vuelta de vez en cuando por el mundo: eso ayuda a desprenderse del pelo de la dehesa, se hacen amigos aunque sean rojos de boquilla y, si se tercia y salen unos contratos para empresas españolas con empresarios comunistas chinos o estos deciden invadirnos con tiendas de todo a 1 euro, miel sobre hojuelas. A inversor interesado en gastarse su dinero en España es norma de la casa no mirarle el diente y ahí está, por ejemplo, el caso de Adelsson y su malogrado Eurovegas de Madrid, que por un quítame allá esas leyes se fue con la pasta a otra parte para disgusto de Esperanza Aguirre e Ignacio González. 

Pero de ahí a intentar engañar a los chinos haciéndoles creer que si no invierten en una España a punto de caramelo económico o no hacen negocios con empresas españolas es que son tontos de remate, va una distancia como de aquí a China. No sé a los chinos pero a quien desde luego no engaña Rajoy es a los españoles y no es porque no le tengamos simpatía a este hombre al que de unos días a esta parte le invade un ardor de consensuarlo todo que hasta un ministro se ha quitado de en medio por poco consensuador. Es simplemente porque donde Rajoy ve raíces vigorosas los ciudadanos sólo vemos hojas secas y no precisamente porque haya entrado el otoño. 

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