"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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11 de octubre de 2016

Un patán muy peligroso

Por lejos que nos queden sus elecciones y por mucho desdén que se pueda sentir por el american way of life, es imposible no sufrir sudores fríos con sólo imaginarse al tipo del tupé rubio platino de presidente de la que a fecha de hoy sigue siendo la primera potencia mundial. El escándalo gira ahora en torno a un vídeo de hace cinco años en el que este rijoso cavernícola profería comentarios vomítivos sobre las mujeres y los que éstas se dejan hacer de él. Pero llueve sobre mojado: antes de conocer la basura que excreta la cloaca de su cerebro cuando piensa en las mujeres, ya nos había dado sobradas muestras de que lo del vídeo no fue un "comentario de vestuario" aislado, como lo ha calificado el propio mandril de referencia. 

La putridez de su pensamiento da para eso y para mucho más: los periodistas, los hispanos, los negros, el presidente de su país, los cubanos, los musulmanes o los europeos - seguramente me olvido de alguien -  también se han visto alcanzados por el surtidor de basura que sale a toda hora por su boca de palurdo. Los penúltimos damnificados han sido sus propios compañeros del Partido Republicano, alarmados no vaya a ser que la lengua viperina de su candidato mamporrero les deje sin la presidencia de Estados Unidos en las elecciones del 8 de noviembre. Como buenos hipócritas que son, se rasgan las vestiduras tras escuchar lo que este chimpancé con raya a un lado  dice de las mujeres; y aunque es muy de agradecer que por fin se den cuenta de a qué clase de bestia parda han estado apoyando hasta ahora contra viento y marea, hubiera sido mucho mejor cortarle las alas antes de que empezara a desbarrar.


Lo que hicieron, en cambio, fue auparlo a la nominación republicana y reír sus gracias junto a unos medios de comunicación que vieron en él a un payaso con una asombrosa capacidad para proporcionar titulares escandalosos a toda hora con sólo levantar el dedo índice y abrir su bocaza de babuino. Llevado a hombros por los suyos - hay que recordar su victoria aplastante en las primarias republicanas - y jaleado por unos medios que sólo conciben la pugna política como un espectáculo circense o un combate de boxeo, no puede haber nada extraño en que la "América" más profunda, casposa y reaccionaria se haya decantado en las encuestas por el discurso xenófobo, racista y machista de este culiparlante. 

Ahora, este monstruo vociferante y de resabios filonazis campa por sus respetos y, salvo que renuncie a la candidatura, - de momento eso parece poco probable por más presiones que esté recibiendo - el 8 de noviembre se erguirá sobre sus cuartos traseros y venteará intentando captar el aire de la Casa Blanca. Me temo que a estas alturas quien único puede frenar esas aspiraciones es su rival demócrata, aunque no vendería yo todavía la piel del elefante republicano. Si la candidata de los demócratas llega a presidenta de Estados Unidos puede que sea más por las barrabasadas del pichabrava con el que esté midiendo sus fuerzas que por su capacidad de convencer incluso a sus propios electores. 

Pillada en más de un renuncio y con tendencia a esconderse cuando debería dar la cara, su candidatura no levanta ni de lejos la pasión y el entusiasmo que hace ocho años despertó fuera y dentro de Estados Unidos el actual inquilino de la Casa Blanca. Su debilidad  la reflejan fielmente los sondeos electorales, algo que en Estados Unidos es poco menos que la verdad revelada sobre lo que piensan hacer los electores con su voto. En ningún momento hasta la fecha ha conseguido la fría candidata demócrata poner suficiente tierra de por medio frente al berzotas republicano. Sólo ahora, después de conocerse el vídeo sobre la consideración que al carajaulas de su rival le merecen las mujeres, ha tomado una cierta ventaja favorecida por aquellos que se empiezan a caer del guindo de su indecisión sobre si votar por ella o por el patán del flequillo imposible.

Las próximas semanas serán claves y aún queda un tercer debate que se adivina más tenso si cabe que el de hace unos días, en donde no solo no se dieron la mano sino que el energúmeno republicano amenazó incluso a su contrincante demócrata con meterla en la cárcel si llega a la Casa Blanca. Y a fe que es capaz al menos de intentarlo, a ella y a todos los que le caigan mal o no le rían las gracias a este chulo matón que amenaza con hacer de su país y del mundo un lugar mucho peor de lo que ya es.  

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