"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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11 de mayo de 2017

El hombre que arengaba a las vacas

O Nicolás Maduro está muy sólo y no tiene a nadie más con quien hablar o tendría que hacérselo mirar con urgencia. Arengar como hizo hace poco a una manada de vacas (ver vídeo) para que apoyen su inconstitucional reforma de la Constitución bolivariana, evidencia no sólo la inestabilidad política de Venezuela sino la de su presidente, de la que hasta ahora no sospechábamos mucho. Es cierto que en su día vio pajaritos que asoció con el espíritu de su amado líder Hugo Chavez pero pensamos que había sido una alucinación pasajera que ya habría superado. El mitin vacuno de Maduro ya ha dado para unos cuanto memes y no pocos chistes que, poco más o menos, vienen a considerar que el presidente venezolano está como una cabra o de atar.

Nada de esto tiene gracia alguna en cuanto se recuerda que son ya 40 las víctimas mortales en Venezuela desde que a comienzos de abril se recrudecieron las protestas contra el chavismo. Se me ocurre que, para variar, Maduro podría dejar tranquilas a las vacas y sentarse a hablar con sus compatriotas y con los partidos de la oposición sobre cómo sacar a un país tan rico como Venezuela del pozo al que él mismo y el chavismo lo han conducido. Podría preguntarles si el salario les llega a fin de mes en el caso de que tengan alguno, si cuando van al supermercado o a la farmacia encuentran lo que necesitan y si cuando salen a la calle se sienten seguros. Si en lugar de aferrarse al poder como un náufrago a una tabla hubiera prestado atención a las demandas de su pueblo, al que tanto apela y con el que tanto se le llena la boca, no me cabe duda que habría cuarenta muertos menos y puede que hasta un país en vías de levantar cabeza. 

“Maduro podría preguntarles si  cuando van al supermercado o a la farmacia encuentran lo que necesitan”

Tras ganar las presidenciales por la mínima y perder las legislativas a manos de su denostada oposición, Maduro ha iniciado una deriva hacia la autocracia que ya tiene a su país inmerso en un clima político irrespirable y en una crisis económica y social que no parece tocar fondo. Desde el momento en el que perdió el control del legislativo su única obsesión ha sido ignorar la voluntad de los venezolanos y usar todos los resortes del poder para desembarazarse de la oposición. Ha retrasado sine die las elecciones regionales por miedo a perderlas también y su simulacro de diálogo con la oposición con la mediación de la Iglesia católica fue un frustrante paripé de cuyos acuerdos no ha cumplido ni uno.


En paralelo maniobró con el poder judicial fiel al chavismo para imposibilitar el revocatorio de su mandato por el que bregó una oposición que tampoco ha parado para sacarse a Maduro de encima. Para el presidente de Venezuela, la Asamblea Nacional es como una piedra en el zapato que hay que eliminar por todos los medios, por lo civil o por lo penal. Llamarla, como hace a menudo, “asamblea podrida” sólo porque no la controlan los suyos es señal más que elocuente de lo que significa la democracia para Maduro.

La penúltima arremetida fue enviarle al Tribunal Supremo a usurpar sus funciones alegando el incumplimiento las resoluciones de ese órgano integrado por probos chavistas. Y la última, para la que ha pedido hasta el apoyo de las vacas, convocar una asamblea constituyente formada mayoritariamente por su gente saltándose los pasos del manual de funcionamiento de cualquier sistema democrático. En él se establece que primero se convocan unas elecciones constituyentes y después los representantes elegidos por el pueblo elaboran una nueva constitución que someten a la consideración de los ciudadanos en un referéndum.

“La Asamblea Nacional es como una piedra en el zapato que hay que eliminar por todos los medios”

Todo esto son sólo milongas para un Maduro desatado que nunca ha tenido empacho alguno en saltarse todos los semáforos rojos aunque eso esté llevando al país a estrellarse. Entretanto, la comunidad internacional parece paralizada y temerosa de intervenir de algún modo en Venezuela ante una situación que se torna más crítica cada día que pasa. En España casi todos los partidos políticos y no pocas instituciones han expresado en los últimos días su preocupación por el clima de crispación y enfrentamiento en el que se está sumergiendo Venezuela. Desentona, como ya es habitual y conocido, Podemos que, tratándose de Nicolás Maduro y de su veloz carrera hacia la dictadura final, sigue sin decir ni mu. 

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