Ir al contenido principal

Grabando, grabando

¿Qué hace el responsable de la Oficina Antifraude de Cataluña, el magistrado Daniel de Alfonso, explicándole al ministro del Interior del Gobierno de España, Jorge Fernández Díaz, las pesquisas en las que está trabajando sobre posibles irregularidades en partidos como Ezquerra Republicana de Cataluña o Convergencia Democrática? 

¿Qué relación jerárquica existe entre de Alfonso y Fernández para que esa reunión se celebre y para que el primero le transmita al segundo información que no puede ni debe transmitirle más que al Parlamento de Cataluña, del que depende la Oficina Antifraude? ¿Quién graba, por orden de quién y con qué fines graba? ¿Quién filtra las grabaciones a un medio de comunicación, por qué ahora y con qué fines?

¿Con qué fines ha usado Fernández Díaz la información que le facilitó de Alfonso en esa reunión conocida ahora a través de las grabaciones reveladas por el diario Público? ¿Las utilizó de algún modo o pensó utilizarlas contra políticos catalanes como Oriol Junqueras o Artur Mas? 

¿Además de las conversaciones recogidas en la grabación que ahora ha salido a la luz, se han producido nuevos encuentros "informativos" entre Daniel de Alfonso y Fernández Díaz y, en su caso, cuantos y de qué han hablado? ¿Le ha vuelto el primero de ellos a transmitir al segundo información que sólo puede y debe transmitir al Parlamento de Cataluña? 

¿Estaba el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al corriente de esa reunión de su ministro del Interior con el cargo público catalán como dice Fernández Díaz en la grabación difundida? Es más: ¿pudo haber sido el propio Mariano Rajoy el que encargara a su ministro del Interior que buscara la manera de encontrar argumentos con los que poner contra las cuerdas y quién sabe si ante los jueces a Junqueras, Más y otros políticos catalanes desafectos e independentistas?

¿Es creíble que Mariano Rajoy argumente que no sabía nada de esas reuniones y achaque todo el asunto a una maniobra política para causarle daño al PP a menos de una semana para las elecciones?

¿Es igualmente creíble que sea el propio ministro del Interior en funciones el que anuncie una investigación para esclarecer lo ocurrido? ¿Se va a investigar el ministro a sí mismo? ¿No sería mucho más adecuado que pidiera comparecer inmediatamente ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados para dar todas las explicaciones que se le exigieran?

¿Son tan redomadamente cínicos en el PP como para creer que pueden desviar la atención sobre este grave caso de presunta utilización política de los medios del Estado con fines inconfesables agarrándose como loros al argumento de que lo grave es que se grabara la conversación y no el contenido de la misma? 

Estas son sólo algunas de las preguntas que sugiere este nuevo escándalo que salpica - una vez más - al PP en plena campaña electoral. No hay duda - y es lógico -  de que esa es la causa por la que el resto de formaciones no se lo ha pensado dos veces para pedir dimisiones y ceses a mansalva. 

No obstante, primero y cuanto antes deben ir despejando todas estas cuestiones los directamente concernidos para, en función de sus explicaciones, determinar si el asunto es un montaje y, si no lo es, decidir si se arregla sólo con dimisiones y ceses o si es necesario incluso subir un escalón y poner el caso en manos judiciales. Cuanto más tiempo tarden en ofrecer las explicaciones que deben a los ciudadanos más se instalará en nosotros el convencimiento de que todo lo publicado es verdadero. 

Comentarios

Entradas más visitadas

Los gestos de Sánchez

Hoy quiero empezar tirando de refranero antiguo y diciendo aquello de bien está lo que bien acaba. Me explico: tal y como había vaticinado casi todo el mundo, los primeros pasos de Pedro Sánchez en La Moncloa se están caracterizando sobre todo por los gestos. Ya sé que a la oposición o le parece filfa o le parece devolución de favores a quienes hicieron a Sánchez presidente en la moción de censura. Nada nuevo bajo el sol ni nada que objetar a la oposición que de manera legítima quieran hacer Ciudadanos y el PP. A ellos menos que a nadie se le escapa la escasa capacidad de maniobra de un presidente con escuetos apoyos parlamentarios y un presupuesto cerrado. Con esos mimbres, poco más que enviar mensajes al electorado a través de gestos que no cuesten mucho dinero puede hacer el presidente. La oposición lo sabe y lo explota con todo el derecho político del mundo y ningún reparo cabe ponerle. Sánchez hace lo que le marca el guión de la situación política: enviar a la sociedad el mensaje…

El PP aprende democracia interna

Y lo hace, diría yo, a marchas forzadas y obligado por las circunstancias. Tengo la sensación de que casi nada está saliendo como lo había planeado Rajoy, lo que una vez más demuestra la poca utilidad de hacer planes muy detallados en política y encima confiar en que se cumplan. Es mucho más útil y práctico irse adaptando a las circunstancias según vayan surgiendo, que es en definitiva lo que ahora intenta hacer el PP con más pena que gloria. Seguramente será la falta de costumbre, pero ya se sabe que para todo hay una primera vez. Tengo la impresión de que Rajoy soñaba con una sucesión ordenada, aburrida y cuando él considerara que era el momento procesal oportuno para abdicar la corona de máximo mandatario del PP. No podía sospechar que una moción de censura acabaría con su gobierno y, aunque pudo haber seguido presidiendo el PP, su crédito político entre sus propios votantes estaba ya bajo mínimos como para volver a intentarlo.

Así que tuvo que dar un paso a un lado y - eso hay que…

¿Hacia una democracia sin partidos políticos?

"La era de la democracia de partidos ha pasado". Así de contundente y taxativo comienza Peter Mair su libro "Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental", (Alianza, 2015). A pesar de que se publicó hace ya tres años, estamos ante una obra que lejos de perder vigencia la ha ganado. En opinión de P. Mair, aunque los partidos permanecen, se han desconectado hasta tal punto de la sociedad y están tan empeñados en una clase de competición que es tan carente de sentido, que no parecen capaces de ser soportes de la democracia. Incide el autor en la creciente devaluación del demos ante una idea de la democracia en la que el componente popular se vuelve irrelevante y hasta superfluo. De esa idea es buen ejemplo la corriente de pensamiento partidaria de poner las decisiones importantes en manos de expertos que no rinden cuentas para evitar que las tomen políticos urgidos por los ciclos electorales.

La lógica reacción de los ciudadanos es la desafección, …