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Incongruencias electorales

Resulta que en España está prohibido publicar encuestas de intención de voto cinco días antes de unas elecciones. Se preguntarán ustedes por qué España es también diferente en esto si en todos los países democráticos de nuestro entorno se publican sondeos a pie de urna incluso el mismo día de las elecciones, tanto cuando abren los colegios electorales como cuando están a punto de cerrar.

Pues no, en España no es así. Aquí bajamos la persiana de los sondeos cuando aún falta una semana bien contada para acudir a las urnas porque el legislador decidió en su día que su publicación puede influir sobre el influenciable voto de los ingenuos y poco avisados ciudadanos. Pero se les escapó un detalle no menor, precisamente. Si el argumento para no publicar encuestas electorales después de esa fecha es que puede influenciar en la decisión de los ciudadanos, cómo puede explicarse en cambio que no se prohíba también y al mismo tiempo la campaña electoral propiamente dicha. 


Cabría pensar que esta última no es utilizada por los partidos políticos que concurren a unas elecciones para influenciar en el voto de los ciudadanos sino para que estos se prenden de la oratoria y el palmito de los candidatos. Lo cual, sobre decirlo, es absolutamente absurdo. 

Como absurda es a estas alturas la bobada de la jornada de reflexión del día previo a las elecciones, una institución que pudo tener cierto sentido en los inicios de la etapa democrática hace 40 años, cuando los españoles acababan de salir de una dictadura de la misma duración y lo de los partidos políticos y las urnas les olía aún a una inmensa mayoría de ciudadanos a cuerno muy quemado. 

En la actualidad nada de eso tiene sentido ni utilidad. Si los españoles somo un pueblo maduro democráticamente hablando carece de toda lógica y sentido que no se puedan publicar sondeos electorales en cualquier momento que los medios o quienes sean decidan encargarlos y pagarlos; como carece de sentido esa jornada de reflexión pensada más bien para párvulos políticos y no para ciudadanos conscientes y responsables. 

Antiguallas que, por cierto, no he escuchado a ninguno de los partidos emergentes decir que van a suprimir si gobiernan. Puede que en este aspecto como en tantos otros sean mucho menos emergentes y menos innovadores de lo que presumen. Puede que en el fondo también compartan con sus hermanos mayores la misma idea de que los ciudadanos no somos capaces de tomar nuestras propias decisiones sin que nos lleven de la mano y nos tutelen en todo momento. O puede que eso sea precisamente lo que les asusta, que tomemos nuestra decisiones sin contar con ellos. 

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