"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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20 de junio de 2016

El voto útil

Andan algunos enfrascados estos días en el voto útil y el voto inútil en las elecciones del domingo. Es el caso de Rajoy, para el que todo lo que no sea votar al PP es un voto inútil. Este modo de expresarse de un político tan mediocre como el aspirante a seguir al frente de este país es indignante. 

En democracia no hay votos inútiles, otra cosa es que contribuyan en poco, mucho o nada a que el partido por el que se vota alcance el poder o se quede muy cerca que, en definitiva, de eso y no de otra cosa se trata. Los ciudadanos votan pensando en la utilidad de su voto, es cierto, pero también en las ideas y propuestas del partido por el que votan. 

El peso de cada factor en la decisión final es muy aleatorio. De todo modos, su voto es siempre es tan útil desde la perspectiva del sentido último de la democracia aunque fuera el único que se contabilizara en favor de esa opción política. Piensa Rajoy que votar es un mero ejercicio dominical que se ejerce cada cuatro años - o cada seis meses como en este caso - y  que a los electores les da lo mismo ocho que ochenta votar por Juana que por la hermana. Esa es la lamentable estima en la que este hombre tiene a la democracia y a los ciudadanos que la ejercen libremente. 

Lo verdaderamente útil para la democracia de este país sería que Rajoy desapareciera definitivamente de la escena política. Con creces ha demostrado no sólo su estatura de pigmeo en los asuntos de estado, su sospechosa supuesta ignorancia de los casos de corrupción que anegan su partido, el seguidismo entusiasta de las políticas más dañinas para la cohesión social, sus redomadas mentiras políticas y su monocorde y cansino discurso de gris funcionario: o yo el caos. 

Eso por no entrar ahora a analizar la utilidad de una campaña electoral como la presente en la que, a falta de argumentos más convincentes, los líderes políticos llevan días enredando sobre pactos que no firmarán y partidos a los que no apoyarán. Mientras, el país de a pie sobrevive como puede a tanta nulidad política y a tanta falta de espíritu constructivo.   

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