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Bárcenas nunca militó en el PP

Que la ministra de Sanidad diga como ha dicho hoy que “jamás ha visto contabilidad B en el PP” no debería de sorprender a nadie. Ana Mato tampoco sabía quién pagaba los confetis para las fiestas de cumpleaños de sus hijos, sus viajes de placer o sus coches de alquiler y, por supuesto, vio un Jaguar en el garaje de su casa y tampoco se preguntó nunca si lo habían dejado allí los Reyes Magos u otros reyes sin barba pero con bigote.

Lo que de verdad sorprende – aunque muy poco – es que tampoco sepa nada de las cuentas en b la secretaria del partido, María Dolores de Cospedal. La mano derecha de Rajoy no da crédito alguno al auto del juez Ruz en el que asegura que el PP pagó con dinero negro las obras de remodelación de la sede de Génova. Para empezar, porque el juez habla de “una cierta corriente financiera de cobros y pagos continua en el tiempo al margen de la contabilidad remitida al Tribunal de Cuentas”. ¿Se echó también mano de la contabilidad paralela para los pagos en negro a la propia Cospedal o a Rajoy, entre otros? Tal vez no tardemos mucho en salir de dudas – si es que aún las hay – una vez el juez avance en sus indagaciones.

 
Cuando Cospedal creía en las dimisiones

Ahora bien, no creo que ni siquiera un nuevo auto de Pablo Ruz en el que afirme que el presidente del PP y del Gobierno, María Dolores de Cospedal y otros dirigentes populares recibieron suculentos sobres en b influya mucho sobre el discurso de la secretaria general. Lo suyo es sostenella y no enmendalla en nombre de Rajoy, sople todo lo fuerte que quiera el viento o amenace esa corriente continua de la que habla el juez con provocar una pulmonía letal en quienes se obstinan en negar las evidencias cada vez más palpables del oscuro chiringuito contable en el PP.

De hecho, Cospedal ni siquiera parece reconocer que Luis Bárcenas fue hasta el otro día tesorero del PP y, ya puestos, ni siquiera militó nunca en este partido. ¿Bárcenas? ¿Quién es ese señor? ¿Cómo ha dicho que se llama? ¿Bárcenas? ¡Ah, no! No me suena y no conozco a nadie llamado Bárcenas, debe de ser un error porque en nuestro partido nunca ha militado nadie con ese nombre y si ese señor tiene cuentas poco claras nada tiene eso que ver con el PP. En consecuencia cabe concluir que la reciente retirada de la querella que el PP presentó contra EL PAÍS por publicar los “papeles de Bárcenas” también debe de haber sido un error.

Para el PP, el equivocado en todo este asunto es, sin duda, el juez Ruz, que ve cosas raras en las cuentas de los populares, primorosamente auditadas por el Tribunal de Cuentas y tan transparentes como una mañana de primavera. Y para demostrarlo, el PP le pedirá a la Fiscalía que le vuelva a echar un capote y que revise otra vez la contabilidad y así salimos todos de dudas, malpensados.

Incluidos los que consideramos que Rajoy tenía que haber dimitido hace mucho tiempo porque ha mentido desde el minuto uno de esta escandalosa historia y, lo que es más grave aún, por que mintió cuando a comienzos de agosto dijo solemnemente en el Congreso de los Diputados, adonde acudió casi a rastras, que su partido nunca ha manejado dinero negro. Lo ocurrido con Bárcenas y sus papeles en negro no es un “error”, como recientemente ha dicho Rajoy en una entrevista en radio, sino un delito. Y es precisamente a ese delito al que apunta el juez Ruz en su auto es a lo que tiene que responder políticamente y, en su caso, judicialmente el presidente del Gobierno y su partido ante todos los españoles.

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