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Abstención, de entrada no

Sospecho que de tanto hablar de y viajar a Venezuela a la clase política española se le han terminado adhiriendo los modos y maneras de los guionistas de culebrones. Ya vivimos uno bien largo y chévere hace nada y ahora andamos embarcados no sé si en la segunda parte del anterior o en uno nuevo, el tiempo lo dirá. Los protagonistas, eso sí, son los mismos y en estos primeros capítulos vuelven a hacer aproximadamente lo mismo: enredar y oscurecer el panorama. Sólo uno de ellos, el protagonista de la trama, parece ahora algo menos lerdo y ha dado señales de haberse despertado de la larga siesta de Marca, copa y puro a la que estaba entregado desde hacía meses. Eso ha disparado las sensaciones positivas y muchos se han lanzado a anunciar la buena nueva a los cuatro vientos: esta vez sí tendremos gobierno. 

No adelantaría yo aún acontecimientos a la vista de la reciente y decepcionante experiencia que nos obligó a volver a las urnas. Esperaría sin desesperar pero sin confiar tampoco demasiado, o dicho de otra manera, le pondría una vela a un nuevo gobierno y otra a unas nuevas elecciones. Siendo realista hay que coincidir con quienes apuestan más por la segunda opción. Los que en la noche de las elecciones ya hablaban de un pacto PP+C`s+PNV+CC deberían ir descartando esa suma. Aunque los números dan si se añade la buena voluntad de alguna abstención, lo que no dan son las cuentas políticas. De manifiesto lo han dejado los del PNV con respecto a Ciudadanos, estos con respecto a los del PNV y estos a su vez con respecto al PP. Sólo CC le ha ofrecido al hombre de la Moncloa su voto y aunque todo lo que suma no resta, ese apoyo no le da al aspirante popular para llegar muy lejos. 


En estas circunstancias, la única opción para no tener que mudarnos a vivir  a un colegio electoral es que la novia en la que todos tienen puestos los ojos al menos se abstenga. Y en torno a esa salida gira ahora toda la trama: el galán que la quiere desposar por conveniencia y que en la pasada legislatura se sentó en La Moncloa a ver la vida pasar, le mete ahora prisa para que se decida cuanto antes, que no está el país para esperar. Se unen al coro los naranjitos, que desde el minuto uno volvieron a vetar al aspirante pero no han tenido reparo en pedirle a la novia acosada que asuma la situación con responsabilidad y no bloquee la formación de un gobierno. Desde la otra orilla del espectro político, se oye por lo bajo a uno que iba para presidente y que por su prepotencia se ha estrellado con todo el equipo ofreciendo casi una utopía: un pacto por la izquierda. 

Así que todos los focos del estudio en el que se rueda este cansino culebrón están puestos en esa novia que lleva dos semanas sin abrir la boca, aunque lo hacen por ella sus allegados. El problema es que no se escuchan una sino varias voces al mismo tiempo diciendo cosas que se parecen pero que no son lo mismo. Por resumir y para no cansar, tenemos por un lado a quienes creen que la respuesta a los requiebros del galán aspirante debe ser no siempre y en cualquier circunstancia; por otro lado están quienes matizan y vienen a decir  "abstención, de entrada no" y más adelante ya veremos. Esto me recuerda mucho a aquel histórico referéndum sobre la entrada de España en la OTAN convocado - miren qué cosas -  por alguien que acaba de proponer algo similar para la actual coyuntura. 

Quién se impondrá al final lo empezaremos a saber este sábado cuando se reúna la familia de la novia en pleno para decirle lo que debe hacer, aunque no se debería descartar una consulta a las bases para conocer su opinión, como ya ocurriera cuando el pacto con C's. Daría oxígeno a la asfixiada novia y le permitiría volver a presumir de democracia directa y participativa. Por eso, la del sábado seguramente no será la última palabra en este culebrón, ya que la familia de la novia se puede volver a reunir dentro del plazo previsto para decir digo donde dijo Diego.Maneras de justificar ante la opinión pública una abstención donde antes había un "no" seco y terminante para que el galán pueda gobernar se me ocurren un par de ellas. No sé, sin embargo, hasta qué punto serían convincentes ni de recibo para quienes el 26J votaron por esta opción política que su voto sirva para lo que podría llegar a servir por mucho que se envuelva en papel de seda. Ese es precisamente el nudo gordiano de toda la cuestión por lo que, conociendo cómo se las gastan los guionistas de culebrones y cómo les gusta enredar el argumento, lo mejor será ponerse cómodos y armarse de santa paciencia. 

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