"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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22 de mayo de 2017

Sánchez, una elección arriesgada

Las primarias socialistas nos han dejado algunos hechos ciertos y unas cuantas incógnitas que el tiempo irá despejando. Es un hecho cierto que la victoria de Sánchez sobre Susana Díaz es inapelable. Cuando se gana por diez puntos de diferencia no caben dudas ni medias tintas sobre las preferencias de los votantes, sólo aceptar el resultado y punto. Sánchez ha renacido de sus cenizas políticas llevado en volandas por unas bases que parecen haber olvidado que es la misma persona que ha conducido al partido a los peores resultados electorales de su historia. Imagino, no obstante,  que darán por hecho que los electores no militantes harán lo mismo que los militantes y se decantarán mayoritariamente por Sánchez cuando el nuevo líder del PSOE se vuelva a enfrentar a unas elecciones generales. 

La preferencia de la mitad de los afiliados por un líder político perdedor como Sánchez se explica por un hecho no menos cierto: el peso sumado del aparato, de los barones y de la vieja guardia ha terminado aplastando a la perdedora de estas primarias. Como se suele decir de forma coloquial, Susana Díaz se ha caído con todo el equipo.  Ella ha sido la receptora por méritos propios y ajenos de la sonora bofetada política que apenas ha sabido encajar y con la que la mayoría  de los afiliados ha castigado la abstención del partido en la investidura de Rajoy y la defenestración de Sánchez. Así como Sánchez, al que todo daban por acabado políticamente, ha renacido de sus cenizas, con la lideresa andaluza puede haber pasado justo todo lo contrario de modo que este haya sido el final de su carrera política al menos al norte de Despeñaperros.

“El peso del aparato, los varones y la vieja guardia ha aplastado a Susana Díaz”
  
Esa es una de las muchas incógnitas derivadas de estas primarias y que, en su mayor parte, tienen que ver con Sánchez. Su primera tarea será llevar a la práctica lo que quiera que signifique lo que dijo anoche cuando anunció “un nuevo PSOE”. Salvo que su objetivo sea refundar el partido, que no creo, su dilema es cómo integrar a los perdedores sin decepcionar a los afiliados que lo han aupado a la secretaría general. Después de lo de ayer, barones y aparato no están vencidos, sólo derrotados temporalmente. Eso significa que si Sánchez cae en la tentación de purgarlos va a seguir teniéndolos en frente y la brecha de la división se ensanchará aún más. Por el contrario, si les otorga demasiado peso correrá el riesgo de disgustar a los militantes que ven en él a un mártir político irredento que se basta y sobra con los de su cuerda.


“Sánchez se envolvió en la bandera de los militantes contra los dirigentes y ahora necesita de ambos para recomponer el partido”

Es lo que tiene de malo envolverte en la bandera de los militantes y ponerlos en contra de la dirección del partido como si fueran enemigos. Luego los necesitas a ambos para recomponer el partido y no sabes bien cómo arreglártelas. Su vuelta a Ferraz también va a poner patas arriba a la organización autonómica y local del partido que tendrá que afrontar su renovación en los correspondientes congresos. Como es natural Sánchez buscará un amplio respaldo territorial y esto hará que primarias y cónclaves  autonómicos y locales del PSOE se celebren a cara de perro entre sanchistas y susanistas, generando más división. 

Sus relaciones a partir de ahora con Podemos es otra de esas incógnitas que el tiempo no tardará en aclarar. Si la experiencia sirve para algo en política es de suponer que Sánchez habrá aprendido de sus errores y evitará volver a convertirse en el juguete político preferido de Pablo Iglesias. De hecho, la formación morada persiste en la injerencia y ya ha interpretado por su cuenta y riesgo  que los afiliados del PSOE que han apoyado a Sánchez lo que quieren es que este respalde la moción contra Rajoy. Menos dudas hay sobre el tono mucho más duro que adoptará a partir de ahora la oposición del PSOE a un Rajoy que, a fecha de hoy, todavía no ha corregido la grosería política de no felicitar al nuevo líder del principal partido de la oposición y sí ha tenido tiempo en cambio para felicitar al Real Madrid por ganar la Liga. El riesgo para Sánchez de llevar las cosas demasiado lejos en la oposición al PP es la convocatoria anticipada de elecciones que podrían poner al PSOE ante su ser o no ser definitivo. 

“Es de suponer que Sánchez habrá aprendido de su experiencia y evitará volver a ser el juguete político de Pablo Iglesias”.

Con ser de calado estas incógnitas, no lo es menos la relativa a la posición de Sánchez ante el desafío soberanista catalán que toma impulso estos días como el principal problema político de este país, incluso por encima de la corrupción. Los planes de los nacionalistas catalanes para proclamar unilateralmente la independencia son lo suficientemente graves como para que el reelegido líder del PSOE aparque sus ambigüedades y sus bandazos  sobre “la nación de naciones” y diga con claridad qué modelo territorial tiene en mente si es que tiene alguno concreto. En este caso y en muchos otros en los que el concurso del PSOE es fundamental para la gobernabilidad son todos los españoles, votantes o no del PSOE, y no solo los afiliados los que quisieran conocer las ideas de Sánchez. 

La mayoría de los afiliados ya ha visto en Sánchez al mejor líder posible del PSOE y hay que respetarlo. Ello no quita para que resulte inevitable concluir que han sido más los deseos de revancha sobre barones y aparato que las virtudes políticas que adornan al renacido líder socialista los que han inclinado la balanza a su favor en una muy arriesgada elección para el partido y para el país. 

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