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¿Siempre nos quedará París?

Parece que sí, que de esta saldrán algo más magulladas pero enteras Francia en particular y la Unión Europea en general. Los sondeos vaticinan que el socio liberal Enmanuel Macron – signifique esa definición lo que signifique -  ganará de calle a la ultraderechista Marine Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales  francesas de este domingo. Claro que de los sondeos debe uno fiarse lo justo, es decir, más bien poco, no sea que ocurra que a las encuestas se las lleve el viento y veamos a Le Pen luciendo banda tricolor republicana al compás de La Marsellesa y anunciando el Frexit y la expulsión de los inmigrantes, todo en una misma tacada.

Puestos a elegir entre lo malo y lo peor no hay otra opción que inclinarse por lo primero. Lo segundo sería la puntilla de la doliente Unión Europea y una nueva pica populista – xenófoba – nacionalista en el mismo corazón del viejo continente después de la que los correligionarios británicos han clavado en el Reino Unido. Por eso y a pesar de que Macron no pueda con su pinta de niño bien salido de alguna de las elitistas escuelas en las que aprenden a mandar los altos funcionarios franceses, es inaudito que la ultraizquierda que lidera Jean Luc Melenchon haya decidido ponerse de perfil y decantarse por el voto en blanco o nulo.
  
“Es inaudito que la ultraizquierda que lidera Jean Luc Melenchon haya decidido ponerse de perfil”

Esa irresponsable decisión demuestra lo acertado del viejo dicho de que los extremos se tocan y si como consecuencia de ella accediera a la presidencia de un país como Francia alguien con el pedigrí rancio - carca de Le Pen no iban a encontrar Melenchon y los que dentro y fuera de Francia le aplauden la gracia – véase Podemos en España -  trincheras en las que protegerse. Macron tiene el perfil de ser el producto genuino de la casta económica y política francesa y seguramente intentará aplicar un programa político que prima los ajustes presupuestarios y el adelgazamiento de la administración con la supresión de miles de empleos públicos.
  

Es evidente que son medidas de corte conservador o neoliberal o como se las quiera llamar, pero ni populistas ni xenófobas y, desde luego, no muy diferentes de las que se han aplicado en otros países como España. No quiere decir que sean deseables sino preferibles a las que propone Le Pen por cuanto éstas representan la negación de los más elementales principios y valores sobre los que se asienta la cultura política francesa y europea. Sacar a Francia de la UE como promete la candidata ultraderechista significaría el definitivo golpe de gracia de este tambaleante edificio que algunos, en un alarde de optimismo, siguen llamando proyecto de integración europeo pero al que necesitamos seguir aferrados como un náufrago a una tabla.

Le Pen promete la salida de Francia de la UE y la expulsión inmediata de los inmigrantes irregulares

Pero con ser grave algo así, no lo sería menos que llevará a la práctica otras promesas suyas como la expulsión inmediata de los inmigrantes en situación irregular, la discriminación de los extranjeros frente a los nacionales en el acceso al empleo, la vivienda o la salud, incrementar el número de policías y de plazas en las prisiones y el establecimiento de impuestos disuasorios a las importaciones. Son muchas más las medidas del mismo corte proteccionista – nacionalista – populista – xenófobo que Le Pen lleva en su programa electoral y que no parecen provocar en los seguidores de Melenchon excesiva inquietud hasta el punto de inhibirse de lo que pueda pasar el domingo en el país de la liberté, la égalité y la fraternité.

Ocurra lo que ocurra – y confiemos en que los sondeos estén tan atinados como en la primera vuelta y Le Pen se quede a las puertas del Elíseo - lo que resulta innegable es la división política francesa con 4 de cada 10 ciudadanos votando por la extrema izquierda o por la extrema derecha. Una situación que merece una profunda reflexión en los partidos tradicionales, sobre todo en el socialista, que fue barrido en la primera vuelta de las presidenciales. Reunir de nuevo al pueblo francés en torno a los valores republicanos será también el primer reto de Macron si el domingo se convierte en el nuevo presidente de la República Francesa. De él y sobre todo de la sensatez política de la mayoría del pueblo francés depende que siga quedándonos París y todo lo que eso significa. 

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