Ir al contenido principal

Ahora las banderas

Esta semana se ha cumplido un mes desde que CC presentó una moción de censura contra el alcalde socialista de Granadilla. La convulsión que la iniciativa provocó en el pacto con el PSOE aún no se ha resuelto: un mes dedicado a elucubrar sobre si se rompe o no el acuerdo y aún seguimos sin saber con certeza si ocurrirá una cosa o la otra. En esas estábamos cuando acaba de encenderse otro de esos debates de campanario que no avanza ni medio metro en la dirección de buscar soluciones a los auténticos problemas de las islas que, por repetidos una y otra vez y presentes en la mente de todos, no es necesario recordar. 

Hablo de la decisión de algunos ayuntamientos y cabildos canarios de izar el  próximo sábado la bandera tricolor canaria con las siete estrellas verdes, que el MPAIAC de Antonio Cubillo proclamó "bandera nacional canaria" hace ahora algo más de medio siglo. Ante todo, vaya por delante el respeto a quienes entienden que esa enseña es más representativa del sentir político de la ciudadanía de este archipiélago que la que se recoge en el Estatuto de Autonomía. No obstante, me permito dudar de que este asunto figure entre las primeras veinte preocupaciones de los canarios, siendo generosos. 

Dicho lo cual, no veo en los máximos responsables de las instituciones que han decidido izar la tricolor "estelada", como la ha llamado algún periódico despistado y confundido, un peligro inminente de que la semana que viene se nos pueden descolgar con un referéndum soberanista que ríete tú de Artur Mas, Oriol Junqueras y compañía. Estoy seguro de que ni Antonio Morales, el presidente del Cabildo de Gran Canaria, ni Pedro Sanginés, su homólogo de Lanzarote, o el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, van a abrir con su decisión y las de los gobierno locales respectivos la vía a la independencia para convertir a las islas en un "nuevo Estado europeo". 


Más bien creo que a quienes impulsan y defienden ese tipo de iniciativas les puede una cierta añoranza de tiempos pasados en los que la palabra "nacionalismo" tenía mucha más sustancia ideológica que en la posmodernidad desnortada en la que nos encontramos actualmente. Los cambios políticos y sociales de las últimas décadas han hecho que la bandera de las siete estrellas verdes haya ido perdiendo buena parta de sus connotaciones estrictamente independentistas para convertirse en algo parecido a una seña de identidad colectiva, que lo mismo puede ondearse en un partido de fútbol, en una fiesta popular o en una manifestación sindical 

Por ello, en un mundo globalizado en el que las decisiones que de verdad importan cada vez están menos en manos de los gobiernos "nacionales" y más en las de las grandes empresas transnacionales, este tipo de debates sobre banderas tienen incluso un punto anacrónico que no debería llevarnos a dedicarle demasiado tiempo y energías. Eso no quiere decir que no haya que defender la singularidad frente a la uniformidad que se nos intenta imponer a diario pero hacerlo conscientes de que las fronteras y las banderas, aunque parezca que resisten y hasta que se reconstruyen, están inexorablemente llamadas a difuminarse en el horizonte de la Historia.

El izado el próximo sábado de la tricolor estrellada canaria habría quedado en un nostálgico gesto político si la Delegación del Gobierno en Canarias se hubiera resistido a la tentación de pedirle a un juez la suspensión cautelar del acto. Ha sido hacerlo y encender un debate artificial que jamas hubiera existido si, simplemente, se hubiera limitado a remitir una carta a las instituciones en cuestión recordando cuáles son las enseñas institucionales y constitucionales que deben ondear en las instituciones oficiales. 

De hecho, algunas de estas instituciones ya habían aclarado que no es su intención sustituir alguna de las banderas oficiales por la de las siete estrellas verdes, con lo cual la reacción de la Delegación del Gobierno es cuando menos gratuita y desproporcionada, máxime cuando el propio delegado reconoce la escasa vinculación actual de la estrellada con el sentir independentistas canario. Leyendo las explicaciones que ha dado el delegado sobre este asunto, me he sentido de pronto transportado al País Vasco o a Cataluña y a los ayuntamientos o diputaciones gobernados por la izquierda abertzale o por los soberanistas, en donde un día sí y al siguiente también se desobedecían y aún se desobedecen las leyes sobre símbolos oficiales y se quemaban banderas nacionales. 

¿Es eso lo que quiere evitar el delegado en Canarias, impedir que prenda de nuevo un sentimiento independentista en las islas con actos como el del sábado? Nunca ha ocurrido en las islas nada parecido a lo del País Vasco y Cataluña  y es muy poco probable que llegue a ocurrir, aunque creo que la mejor manera de evitarlo no es haciendo de un grano una montaña. Tenía mucha razón Groucho Marx cuando dijo o escribió - tanto da - que "la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados". El de la bandera es un buen ejemplo. 

Comentarios

Entradas más visitadas

Los gestos de Sánchez

Hoy quiero empezar tirando de refranero antiguo y diciendo aquello de bien está lo que bien acaba. Me explico: tal y como había vaticinado casi todo el mundo, los primeros pasos de Pedro Sánchez en La Moncloa se están caracterizando sobre todo por los gestos. Ya sé que a la oposición o le parece filfa o le parece devolución de favores a quienes hicieron a Sánchez presidente en la moción de censura. Nada nuevo bajo el sol ni nada que objetar a la oposición que de manera legítima quieran hacer Ciudadanos y el PP. A ellos menos que a nadie se le escapa la escasa capacidad de maniobra de un presidente con escuetos apoyos parlamentarios y un presupuesto cerrado. Con esos mimbres, poco más que enviar mensajes al electorado a través de gestos que no cuesten mucho dinero puede hacer el presidente. La oposición lo sabe y lo explota con todo el derecho político del mundo y ningún reparo cabe ponerle. Sánchez hace lo que le marca el guión de la situación política: enviar a la sociedad el mensaje…

¿Hacia una democracia sin partidos políticos?

"La era de la democracia de partidos ha pasado". Así de contundente y taxativo comienza Peter Mair su libro "Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental", (Alianza, 2015). A pesar de que se publicó hace ya tres años, estamos ante una obra que lejos de perder vigencia la ha ganado. En opinión de P. Mair, aunque los partidos permanecen, se han desconectado hasta tal punto de la sociedad y están tan empeñados en una clase de competición que es tan carente de sentido, que no parecen capaces de ser soportes de la democracia. Incide el autor en la creciente devaluación del demos ante una idea de la democracia en la que el componente popular se vuelve irrelevante y hasta superfluo. De esa idea es buen ejemplo la corriente de pensamiento partidaria de poner las decisiones importantes en manos de expertos que no rinden cuentas para evitar que las tomen políticos urgidos por los ciclos electorales.

La lógica reacción de los ciudadanos es la desafección, …

Los inmigrantes para quienes los quieran

La UE acaba de parir otro ratón, aunque en realidad ya ha parido tantos sobre tantos asuntos que uno más apenas se nota. Después de días hablando de la trascendental cumbre sobre inmigración de este fin de semana, los jefes de estado y de gobierno se han pasado casi 14 horas negociando un acuerdo que, en síntesis, se traduce en que se ocuparán de los inmigrantes que lleguen a las costas europeas aquellos países a los que les apetezca hacerlo. Se entierra el sistema de cuotas obligatorias de inmigrantes por países que nadie cumplió y, en lugar de hacerlo cumplir, se da paso a la pura y dura voluntariedad para responder a un problema de una enorme envergadura humanitaria. Es lo que hay y no busquen más. Esa voluntariedad significa, por ejemplo, que aquellos países a los que la inmigración no les importa, no les afecta o las muertes en el Mediterráneo les pillan demasiado lejos de casa, pueden seguir ocupados tranquilamente en sus asuntos como si no estuviera pasando nada de nada. Llama…