"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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27 de febrero de 2013

Otra peineta del innombrable

Aquel cuyo apellido, al igual que el término “desahucio”, ha pasado a convertirse en tabú para el PP, le acaba de hacer otra espectacular peineta a sus confusos y aterrados compañeros de partido. En realidad, más que una peineta como la que dedicó a los periodistas hace unos días en un aeropuerto tras un viaje de placer a Canadá, lo de ahora ha sido un obús con potente carga de profundidad que ha impactado de lleno en la secretaria Cospedal, en el presidente Rajoy y en todos aquellos que en el partido han pretendido hacer creer a los ciudadanos que el famoso esquiador no tenía vinculación alguna con la organización desde 2010.

Su demanda por despido improcedente y su cínica decisión de apuntarse al paro – debe ser que 38 millones de euros en Suiza no dan para llegar a fin de mes – ha abierto un boquete de considerables dimensiones en la errática táctica que han seguido los populares para intentar ocultar uno de los escándalos de corrupción más grave de su historia y de la historia de la etapa democrática. El mismo día en el que Cospedal se enredaba en un trabalenguas imposible sobre la indemnización en diferido y la simulación de contrato, o algo parecido, el innombrable activó una nueva bomba de racimo que en un país serio ya habría provocado una cascada de dimisiones, entre ellas la del presidente del Gobierno.

Aquí y en el PP no, aquí se sigue optando por la huída hacia adelante, por fanfarronear con los tribunales y con pedir a los periodistas que elijan entre la credibilidad del ex tesorero y la del partido. A la vista de las explicaciones que han dado Cospedal o Rajoy sobre las relaciones laborales entre el esquiador y su partido y después de esa demanda por despido improcedente, la balanza parece inclinada cada vez más a favor del esquiador.

Lean si no y procuren sacar algo en claro de la explicación, por llamarla de algún modo, que daba Cospedal de los pagos que recibió hasta hace menos de un mes el otrora gran servidor del PP y hombre del que – dijo Rajoy – nadie podrá demostrar que “no es inocente”.

“Vamos a ver ¡eh! … La indemnización que se pactó, fue una indemnización en diferido, y como fue una indemnización en difi…, diferido, en forma efectivamente de simulación de… simulación o de lo que hubiera sido en diferido en parte de una, de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la Seguridad Social, si no hubiera sido… ahora se habla mucho de pagos que no tienen retenciones a la Seguridad Social, verdad, pues aquí se quiso, aquí se quiso hacer como hay que hacerlo, con retenciones a la Seguridad Social”.

Si han conseguido llegar hasta el final sin entrarles dolor de cabeza coincidirán conmigo en que el trabalenguas para justificar lo injustificable – que el nuevo parado siguió cobrando de las arcas del partido hasta el día mismo en el que EL PAIS aventó su contabilidad en negro – es un monumento a la falsedad y a la ilegalidad. Si lo que dijo Cospedal es lo que parece ser, estaríamos ante una flagrante irregularidad – simular un contrato laboral para recibir prestaciones - que se castiga con una cuantiosa sanción. Porque ¿qué se esconde realmente detrás de ese galimatías de la casi siempre segura y contundente abogada del Estado que es María Dolores de Cospedal? ¿Una indemnización con forma de contrato? ¿Un contrato con forma de indemnización?

Da igual. Lo cierto es que el precario montaje se le ha venido abajo como un castillo de naipes casi al mismo tiempo que lo intentaba levantar con esta patética explicación digna de los Hermanos Marx. Que el innombrable tiene información muy sensible que está empleando para poner al PP y al Gobierno contra las cuerdas si no se le libra de la cárcel - vulgo chantaje - es algo cada día más evidente. Cuando este escándalo saltó a la opinión pública, el PP y el Gobierno optaron por mentir y amenazar con querellas que, por cierto, siguen sin presentarse. La razón es muy clara: miedo o, mejor dicho, pánico. 

Ahora, acorralados como están, sólo les queda una salida si quieren recuperar un mínimo de credibilidad ante los ciudadanos: explicarlo todo con meridiana claridad, responder ante la Justicia si ha lugar y aquellos que han mentido sobre las relaciones del partido con un corrupto chulo y peinetero como el innombrable dimitir inmediatamente. Ese es el verdadero pacto contra la corrupción que esperan los ciudadanos del PP y del Gobierno.

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