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Incendio petrolero en el Senado

Ni los más viejos del lugar recuerdan una mañana tan movida como la de hoy en el Senado. Una cámara presidida por el bostezo se despertó esta mañana con una sacudida en todo regla que a punto estuvo de causarles un shock de consecuencias imprevisibles a sus señorías, especialmente a las del PP. Se debatía una moción de colmillo retorcido presentada por el PSOE en la que pedía al Gobierno de Rajoy, lisa y llanamente, que se paralicen temporalmente las prospecciones petrolíferas en el Mediterráneo. La iniciativa era una copia literal de la resolución aprobada recientemente por unanimidad en el Parlamento de Baleares y su objetivo no era otro que poner a los senadores del PP ante la tesitura de votar lo mismo en la cámara alta o desdecirse y oponerse. 

Llegaba, además, después de que el propio presidente Rajoy se comprometiera hace una semana con su homólogo canario, Paulino Rivero, a estudiar la posibilidad de la moratoria temporal de los sondeos, algo que los populares canarios se apresuraron a calificar de disparate. La sorpresa saltó cuando el senador Palacios, portavoz de los populares en la comisión de Industria, anunció que su grupo estaba dispuesto a negociar una enmienda transaccional con el PSOE que pasaría precisamente por paralizar las prospecciones. 

Empezó entonces una agitada mañana de negociaciones entre los grupos en la que no faltaron ataques de pánico y peticiones de llamadas urgentes al ministro Soria – de viaje en Nueva York - por parte de los senadores canarios del PP para que apagara el incendio petrolero que acababa de declararse en el Senado. Las lenguas de doble filo cuentan que los senadores populares de Canarias, fervientes defensores de la riqueza que supondrá el petróleo, amenazaron con romper la disciplina de voto si se les obligaba a votar a favor de la enmienda socialista: “nuestra honra está en juego y de aquí no me muevo”, cuentan que dijeron. 

Hasta el secretario de Estado con las Cortes, José Luis Ayllón, un hombre que depende directamente de Mariano Rajoy, acudió con la manguera al Senado a intentar enfriar los ánimos y poner paz en las filas populares, con los de Baleares enrocados en la oposición al petróleo para no quedar desairados ante sus electores y ciudadanos y los de Canarias atrincherados en el no a la propuesta socialista para no tener que desdecirse de todo lo que han dicho hasta ahora a favor de las prospecciones. El incendio se consiguió sofocar a primera hora de la tarde sobre la campana cuando ya el pleno del Senado llegaba a su fin y había que votar. Sin embargo no se extinguió, ni mucho menos. 

Aunque al final se impuso la doctrina de Industria y la moción del PSOE fue derrotada por amplia mayoría para alivio de los representantes canarios, cuatro senadores del PP por Baleares rompieron la baraja y votaron a favor de la paralización de las catas. Alegan que, por encima de la pertenencia a un determinado partido político y de la uniformidad a la hora de apretar el botón de votar, están los intereses generales de su comunidad autónoma y ocurre que esos intereses y el petróleo no se llevan bien. 

Si no fuera porque todos se sientan juntos en la misma zona del Senado nadie diría que estos senadores y sus compañeros de Canarias militan en el mismo partido. Los primeros se muestran orgullosos de haber defendido su oposición irreductible al petróleo por encima de adscripciones políticas y los segundos de todo lo contrario, o más bien, de no haberle hecho un feo al presidente de su partido en las Islas y casualmente ministro de Industria. 

Ahora bien, se equivocan el Gobierno y el PP si dan el incendio por controlado y extinguido tanto en Baleares como en Canarias. Allí porque la indisciplina de los senadores populares refuerza la oposición al petróleo ya de por sí unánime y cerrada empezando por la del presidente Bauzá, del PP, que no se ha cortado lo más mínimo a la hora de felicitar a los senadores díscolos de su partido; aquí, porque aún deben dilucidarse cuestiones nada menores como el informe del ministerio de Medio Ambiente sobre el estudio de impacto ambiental de Repsol, acusado de incompleto y deficiente, y el fallo del Tribunal Supremo por los recursos de las instituciones canarias. Así que el último manguerazo tardará en llegar por más que haya quien piense que ya puede llevarse el camión de bomberos.

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