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Blesa, ese pobre hombre

El banquero que cobraba más de tres millones de euros al año por su cargo de presidente de Caja Madrid y que se gastó con la tarjeta negra cerca de medio millón de euros en sus lujos y caprichos particulares – safaris, vinos caros, etc. –, dice ahora que no puede reunir los 16 millones de euros de fianza que le impuso ayer el juez Fernando Andreu. Así que renuncia a depositar el dinero antes del miércoles, tal y como establece el auto correspondiente, y se dispone a que le embarguen sus seguramente escasos bienes personales. Eso sí, no piensa quedarse quieto. Es también seguro que tanto él como el otrora mirlo blanco del PP, Rodrigo Rato, recurrirán la fianza con argumentos tales como “desproporcionada o extemporánea”. Claro que eso no impedirá que se ejecute el embargo, con lo que corren el riesgo, los pobres, de tener que pedir en el metro para sobrevivir. 

Del auto del juez en el que se imponen las fianzas a Blesa y Rato – 16 millones de euros al primero y 3 al segundo – lo primero que llama la atención es precisamente la diferencia entre uno y otro. Parece interpretar el magistrado que no es igual la responsabilidad de ambos en el conchabo de las tarjetas en negro, aunque en el auto los acusa de haber “consentido, propiciado y aceptado” todo el cambalache. Pero llama más la atención aún que se limite el juez a imponerles una fianza que parece más bien pensada para que el Estado recupere el pastizal gastado con las tarjetas por Blesa, Rato, Sánchez Barcoj - la mano derecha del primero y que se fue del juzgado imputado pero sin fianza alguna – y el resto de la troupe que disfrutó de lo lindo comprando o comiendo en sitios caros y desgastando los cajeros automáticos de meter y sacar la tarjetita. 


Uno no quiere hacer leña del árbol caído, si es que en este caso ha caído todavía alguno, ni ensañarse con la gente cuando las cosas se le ponen de popa. Sin embargo, no puedo menos que preguntarme si la actuación de ambos en este escándalo, tanto por la responsabilidad que habían asumido al frente de una entidad a la que contribuyeron a empujar hacia la quiebra como por la desfachatez y la impunidad con la que actuaron, no son motivos suficientes para enviarlos a prisión y sin fianza. Y en la misma línea, me sigo preguntando a qué espera el juez para imputar o, al menos llamar a declarar en calidad de testigos, al resto de los miembros del clan que tiraron de la tarjeta y ahora se escudan también en que no eran conscientes de la ilegalidad en la que incurrían. 

Aunque Blesa llore ahora amargamente y asegure que no puede reunir los 16 millones de la fianza, habría que ser muy pardillo para creer en su sinceridad. Es mucho más probable que haya hecho cálculos – en lo cual es un maestro – y haya llegado a la conclusión de que le sale mucho más económico que le embarguen unas pocas propiedades hasta cubrir la fianza que apoquinar los 16 millones de euros a toca teja. En cuanto a Rato desconocemos si pagará o si seguirá los pasos de su compadre de correrías, aunque tampoco creo que una fianza de 3 millones le quite demasiado el sueño, ni mucho menos. Eso y más lo ganaba él en un año malo y si además se pagaba los lujos, las copas y el arte sacro con cargo a las cuentas de Caja Madrid es más que probable que puede depositar la fianza sin quedarse por ello en números rojos. 

El juez Elpidio José Silva, al que haber metido dos veces en la cárcel a Blesa prácticamente le ha costado su expulsión de la carrera judicial, no ha tardado en declarar que Rato y Blesa deberían estar en la cárcel sin fianza e incluso incomunicados. El magistrado, que destapó los correos de Blesa tirando de los cuales se dio con el pastel de las tarjetas negras, está convencido de que los dos últimos presidentes de Caja Madrid son las víctimas propiciatorias con las que el PP y el Gobierno quieren vendernos la regeneración política para hacer ver a los ciudadanos que también en España se juzga y castiga a los banqueros felones. Aunque si realmente fuera sincera la regeneración que pregonan, los populares ya deberían haber expulsado a Rato de sus filas o al menos suspenderlo cautelarmente de militancia. Del mismo modo se tendría que haber reabierto el “caso Blesa” - del que Silva fue apartado por encarcelar al banquero - y el llamado “caso Bankia” iría un poco más rápido. 

Sin embargo, el primero sigue cerrado y el segundo avanza a paso de tortuga. Ahora, además, con la pieza separada de las tarjetas negras que acaba de abrir el juez Andreu y cuya instrucción también va para largo, es de suponer que el "caso Bankia"se ralentizará mucho más. Así que, para cuando los responsables últimos de este latrocinio bancario organizado que nos ha costado miles de millones de euros a los españoles se sienten en el banquillo de los acusados – si es que eso llega a ocurrir algún día y estamos vivos para verlo –, puede que a Rato y a Blesa le hayan dado el Nobel de Economía ex aequeo y al resto de los compinches cuando menos una mención honorífica. Y a los ciudadanos, dos huevos duros.   

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