Ir al contenido principal

Las prisas del pequeño Nicolás

En un país como España, de larga tradición picaresca, a nadie debería asombrarle demasiado las andanzas del “pequeño Nicolás” que estos días es la comidilla de redes sociales y otros medios de comunicación. Francisco Nicolás Gómez-Iglesias no es otra cosa que un elemento inseparable de la marca España, el fruto de un país de no pocos pillos redomados que, aunque parezca que confunden la realidad con la ficción, saben muy bien lo que hacen. Se pregunta todo el mundo cómo es posible que este individuo con pinta de mosquita muerta se colara incluso en una audiencia real y pasara el correspondiente besamanos sin que a nadie le llamara demasiado la atención ni se preguntara quién era aquel chaval ni qué pintaba en semejante acto. 

La policía sólo se puso tras sus pasos cuando el pequeño Nicolás quiso hacer valer sus contactos y pidió dinero por intermediar en la venta de una propiedad o echarle una mano judicial a Jordi Pujol, para lo cual se hizo pasar por agente del CNI. O fue demasiado lejos o dio el paso decisivo de obtener rédito económico por sus contactos de alta gama demasiado pronto. De haberse conformado de momento con salir en las fotos junto a políticos y empresarios y haber esperado un poco para colarse en alguna lista electoral, tal vez no habríamos tardado mucho en verlo presidiendo el Consejo de Ministros o en el sillón azul del Congreso como una suerte de nuevo Zelig. 

De verdad, cuesta creer que en la mismísima Casa Real creyeran que el pequeño Nicolás, con su aspecto atildado de no haber roto nunca un plato, era asesor de la vicepresidenta del Gobierno. Mucho más difícil aún es tragarse que era nada menos que espía del CNI, pero también pasó por tal. Lo cierto es que consiguió engañar a todo el mundo, como ponen de manifiesto sus fotos con Aznar, Esperanza Aguirre, Ana Botella o el mismísimo Felipe VI. Hasta la jueza ante la que fue conducido tras la detención se declaró perpleja por la habilidad del pequeño Nicolás para hacer creer a todo el mundo que era lo que no era. Intentando explicárselo, el informe forense concluyó que Nicolás padece una especie de megalomanía que le lleva a confundir la realidad con la ficción. Puede ser, pero no me calentaría demasiado la cabeza intentando encontrarle una explicación científica a las divertidas andanzas del pequeño Nicolás. 

Lo único que ha hecho es copiar los modelos de comportamiento social que ha aprendido con mucho provecho desde que comenzó a militar en las Nuevas Generaciones del PP. Allí debió descubrir que en el mundo de la política y los negocios, si no tienes padrinos mueres pagano. Sacó la conclusión de que el camino directo para el éxito es rodearse de los mejores padrinos para medrar y sacar tajada. Tampoco es tan escandaloso: otros muchos lo han hecho y lo sigue haciendo aunque no desde edades tan tiernas como la del pequeño Nicolás. Y es precisamente eso, que todos han hecho, hacen o piensan hacer lo mismo, lo que explica que nadie se atreviera a preguntarse en voz alta de dónde había salido este pillastre que tan buenas agarraderas aseguraba tener. 

En realidad, este chico no es más que un tipo precoz y espabilado que aprendió pronto y con calificación sobresaliente en qué círculos hay que moverse si quieres llegar a ser alguien con influencias en esta vida. Una vez bien pertrechado de sus supuestos contactos en las más altas esferas el siguiente paso caía por su propio peso: sacarle rentabilidad económica. Ese fue su error, no esperar un poco más para poder hacerlo con todas las garantías de que si lo pillaban con el carrito de los helados como a un Rato o a un Blesa cualquiera a nadie se le iba a ocurrir detenerlo, encerrarlo o expulsarlo del partido sin antes al menos haber escuchado atentamente sus argumentos y buscarle una salida digna. 

Entonces sus mentiras habrían gozado de toda la credibilidad de sus compañeros y jefes de filas y el pequeño Nicolás podría haber seguido medrando a placer. Lección de paciencia que deben aprender sin tardanza todos los pícaros que andan sueltos por este país y que se estén planteando seguir sus pasos: no hay que hacer de prisa lo que es para siempre.

Comentarios

Entradas más visitadas

¿Hacia una democracia sin partidos políticos?

"La era de la democracia de partidos ha pasado". Así de contundente y taxativo comienza Peter Mair su libro "Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental", (Alianza, 2015). A pesar de que se publicó hace ya tres años, estamos ante una obra que lejos de perder vigencia la ha ganado. En opinión de P. Mair, aunque los partidos permanecen, se han desconectado hasta tal punto de la sociedad y están tan empeñados en una clase de competición que es tan carente de sentido, que no parecen capaces de ser soportes de la democracia. Incide el autor en la creciente devaluación del demos ante una idea de la democracia en la que el componente popular se vuelve irrelevante y hasta superfluo. De esa idea es buen ejemplo la corriente de pensamiento partidaria de poner las decisiones importantes en manos de expertos que no rinden cuentas para evitar que las tomen políticos urgidos por los ciclos electorales.

La lógica reacción de los ciudadanos es la desafección, …

Niño pobre, niño rico

¿Qué futuro tiene un país en el que 8 de cada 10 niños en situación de pobreza seguirán siendo pobres cuando sean mayores y probablemente nunca abandonarán esa condición? ¿Hay esperanza fundada en un país en el que la pobreza se hereda como se hereda una casa o un coche o una colección de arte? Lo ignoro pero dudo que sea muy halagüeña si tenemos en cuenta que, por ejemplo, en España hay cerca de un millón de niños que viven en hogares en los que nadie trabaja y que, probablemente, la mayoría arrastrará de por vida la condición de excluidos sociales. Los datos los acaba de dar a conocer la ONG Save the Children y vuelven a poner el foco en uno de los segmentos de la población más castigados por la crisis y, paradójicamente, más olvidados: los niños.
A los niños pobres de este país la crisis económica, de la que algunos aseguran eufóricos que ya hemos salido, les ha golpeado cinco veces más fuerte que a los niños ricos. Dicho de otra manera, mientras que en los años más duros de la cri…

Niza: no pasarán

¿Y qué puedo decir de lo ocurrido anoche en Niza que no se haya dicho o escrito ya? Podría escribir un emotivo artículo sobre las vidas cegadas de manera irracional y sobre los ciudadanos pacíficos arrollados por un fanático guiando un camión; me podría extender varios párrafos en una sesuda argumentación del cómo, el por qué y el qué pasará ahora; o podría hacer un alegato iracundo contra la barbarie terrorista o contra la desastrosa intervención occidental en Oriente Medio o contra la incapacidad de gobiernos como el francés para integrar a sus ciudadanos de ascendencia árabe y religión musulmana. Podría acusar a Bush, a Blair y a Aznar de haber convertido a Irak en un semillero inagotable de terroristas; podría arremeter contra Rusia por apuntalar en el poder al presidente sirio mientras el país se desangra en una interminable guerra civil que expulsa a sus ciudadanos a la diáspora o a la muerte intentando llegar a Europa. 
Me podría extender en consideraciones sobre los riesgos d…