"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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5 de junio de 2017

May a por el voto del miedo

Con los cuerpos de las víctimas de los últimos atentados terroristas aún calientes, la primera ministra británica Theresa May no ha dudado en apelar al voto del miedo en las elecciones generales del jueves. Apenas unas horas después de que tres terroristas acabaran con la vida de siete personas e hirieran a casi media docena en tres lugares distintos de Londres, May compareció ante los medios para abroncar a los británicos por su supuesta tolerancia para con el terrorismo radical y para prometer mano dura legal con los que cometen atentados como los del sábado por la noche. En su discurso, May  olvidó mencionar el detalle nada secundario de que, durante su paso por el ministerio del Interior, las fuerzas de seguridad británicas perdieron a 20.000 agentes víctimas de los recortes en su ministerio.
“Durante su paso por el Ministerio del Interior se suprimieron 20.000 agentes policiales en el Reino Unido”
Hoy se lo ha recordado su contrincante laborista Jeremy Corbyn, quien incluso ha pedido su dimisión. La promesa de May no sólo es obscenamente electoralista por el momento elegido para hacerla, sino también ineficaz y demagógica tomada aisladamente. No me puedo imaginar cómo puede disuadir a un terrorista que está dispuesto a morir para acabar con la vida de cuantos más inocentes mejor, saber que si es detenido por la policía pasará más años en la cárcel. Del terrorismo y de su amenaza, cualquier ciudadano medianamente informado sabe que se trata de un problema complejo y multicausal. Hacerle frente con alguna garantía de éxito requiere desplegar medidas y acciones coordinadas en varios frentes.

La colaboración y el intercambio de información policial y de inteligencia es sólo uno de esos frentes pero no puede ser el único. En el Reino Unido hay más de 24.000 personas bajo la lupa policial por su posible peligrosidad para la seguridad pública y aún así el país ya ha sufrido tres ataques terroristas en menos de tres meses. El endurecimiento de las condenas contra los terroristas y contra quienes sean encontrados responsables de su radicalización asesina debe formar parte también del conjunto de herramientas con las que un estado de derecho está legitimado para hacer frente al odio y a la intolerancia de quienes pretenden ponerlo de rodillas.
  

Sin embargo, con ser imprescindibles la acción policial y la dureza penal, no son suficientes por sí solas para garantizar hasta donde ello sea posible la seguridad pública. Gobiernos como el de May o el que acaba de abandonar el poder en Francia, país también golpeado con dureza por el terrorismo, siguen aferrados a la dinámica de la acción – reacción  sin hacer la imprescindible reflexión sobre las razones por las que jóvenes nacidos y criados en su suelo han rechazado hacer suyos los valores de la tolerancia y el respeto hacia las creencias de los demás de las sociedades occidentales y han optado por la vía del fanatismo y la inmolación.
“Buscar las causas del fanatismo terrorista no es darles coartadas a los terroristas”
Tampoco hay en estos líderes una sola brizna de reconocimiento de la responsabilidad de Occidente en las injusticias históricas cometidas en las zonas de las que proceden las familias de estos jóvenes radicalizados y fanatizados. No estoy de acuerdo con que hacer esa reflexión en voz alta, buscar soluciones justas y duraderas y reparar hasta donde sea posible los errores cometidos, sea facilitarles coartadas a los asesinatos terroristas. La mano dura que promete May y la intensificación de la vigilancia policial y de inteligencia no pueden estar reñidas con el análisis profundo de las causas del terrorismo porque sin conocerlas y reconocerlas será muy difícil obtener resultados satisfactorios en este pulso a vida o muerte entre la libertad y la barbarie.

Uno podría incluso comprender que May esté nerviosa al ver que la ventaja sobre los laboristas que le daban las encuestas cuando convocó las elecciones del jueves se ha reducido a la mitad. No ganar con contundencia a sus rivales para poder imponer a Bruselas una negociación del brexit a cara de perro trastoca sus planes políticos ahora amenazados además por la caída de su popularidad y el terrorismo. Lo que es mucho menos comprensible es que a May no le haya temblado el pulso para usar a las víctimas de los últimos atentados como excusa para alentar el voto del miedo. Escuchándola y viéndola este domingo a las puertas del 10 de Downing Street era imposible saber si hablaba la primera ministra británica o la candidata a seguir siéndolo. Y hay diferencias entre lo uno y lo otro.        

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