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El paro imparable

Otra vez, un mes más, sube el paro. Nada de lo que extrañarse, nada de lo que asombrarse: era y es lo previsible con una política económica ofuscada con la austeridad fiscal y unas empresas aprovechando a conciencia la generosa reforma laboral para devaluar salarios bajo la amenaza del despido o despidiendo directamente para cuadrar resultados.

Luego se quejarán de que no hay crédito – y es verdad que no lo hay ni lo habrá hasta que seamos los ciudadanos los que apoquinemos de nuestro bolsillo el festín inmobiliario de los bancos – y de que no hay consumo – lo cual es consecuencia directa del desempleo galopante y la caída de los salarios; al mismo tiempo, empresarios y Gobierno defenderán una vez más con absoluto convencimiento que aún es pronto para que la destructiva reforma laboral produzca sus dorados frutos en forma de creación de puestos de trabajo.

Sólo hay que esperar – dicen - a que la actividad económica se recupere y entonces este país volverá a ser el paraíso en la Tierra y volveremos a atar los perros con longanizas. Cómo se va a producir esa ilusoria y salvadora reactivación de la economía es algo que fían en exclusiva a la austeridad, a las reformas estructurales y a los recortes. Es lo que llevan haciendo sin parar desde hace más de un año con los espectaculares malos resultados por todos conocidos.

Ellos, no obstante, perseveran porque – dicen – no hay alternativa y así, palada a palada nos hundimos cada vez un poco más. Unos y otros volverán hoy a rizar el rizo para intentar justificar la nueva subida del paro registrado en España, por encima ya de los cinco millones de personas y alcanzando cotas históricas.

Supongo que ese as del análisis económico que es Joan Rosell, el presidente de la patronal, estará satisfecho: estos son los datos en los que él cree y no en los de la Encuesta de Población Activa, que suma por su parte más de 6 millones de desempleados y avanza hacia los 6,5 millones, según las previsiones de los oscuros y distantes tecnócratas de Bruselas a los que maneja como marionetas Angela Merkel desde Berlín y obedece con seguidismo borreguil el Gobierno español.

Lo realmente extraño con la obtusa política económica de este Gobierno y con los empresarios cuadrando los balances por la vía del despido y la reducción salarial, sería que el paro bajara. Eso sí que sería noticia.

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