"No son los hechos los que estremecen a los hombres, sino las palabras sobre los hechos" (Epicteto)

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15 de mayo de 2013

Contrato único y dos piedras

Un señor de cuyo nombre no puedo acordarme y que dice ser comisario europeo de Empleo, está disfrutando de unas pocas horas de gloria después de “sugerirle” a España que se piense la posibilidad de implantar un contrato laboral único para luchar contra el paro juvenil. Tengo la sensación de que lo dijo al buen tun – tun y sin pensárselo demasiado, evidencia de que, a pesar de su alto comisariado, desconoce por completo la realidad socioeconómica del país y va por esos mundos comunitarios de Dios soltando atrevidas ocurrencias.

Para empezar, porque no hay un país de la Unión Europea que tenga un contrato laboral único y sólo en Estados Unidos podríamos encontrar algo similar y salvando las distancias. De ahí en parte que, preguntados los expertos por la idea del comisario, nadie haya sido capaz de explicar en qué demonios consiste el contrato laboral único “y abierto” y si es bueno, malo o mediopensionista. En realidad, la idea no es nueva aunque fue rechazada en su momento: ya la plantearon hace algún tiempo varios economistas y hasta la ha vuelto a defender ahora UPyD, la única fuerza política, por cierto, que lo ha hecho. 

Por una vez y sin que sirva de precedente ante una “sugerencia” de la UE, el resto de partidos, el Gobierno – “muy satisfecho” de una reforma laboral que no piensa tocar - , los sindicatos, los empresarios y buena parte de los conocedores del derecho laboral la han considerado descabellada e inviable. Las razones son muchas y sería prolijo detallarlas aquí. Valga como ejemplo que chocaría contra la Constitución por cuanto podría suponer el despido sin causa y por tanto sin necesidad de que un juez determine su procedencia o improcedencia, algo elemental para establecer la correspondiente indemnización.



Se malician los sindicatos que eso es precisamente lo que busca la “idea” del comisario, el despido “gratis total”, y que el mercado laboral se precarice aún más de lo que está. No se han quedado atrás en las críticas los empresarios, que no acaban de entender cómo se puede aplicar esa medida en un país con una economía tan estacional como la española en la que es habitual hacer contratos por días o por temporadas en los servicios o en la agricultura. Por supuesto, despedir ya lo hacen y a precios “muy competitivos” como ponen de manifiesto las cifras del paro. Me pregunto si el comisario se ha leído la reforma laboral española y si conoce sus efectos, que desmienten con rotundidad que los trabajadores indefinidos estén tan sobreprotegidos frente a los que no lo son como afirma alegremente este señor.

Desde luego, no debe ser bueno que en España existan más de treinta modalidades de contrato laboral aunque en la práctica sólo se utilicen dos o tres. Todo lo que sea aclarar esa tupida selva administrativa es bueno pero no hay ningún mercado laboral avanzado que pueda funcionar con un solo modelo de contratación. En cualquier caso y más allá de disquisiciones bizantinas sobre el contrato único o sobre si debe haber uno, dos, veinte o cincuenta variedades de contratación, lo que hasta el despistado comisario de Empleo seguramente entiende es que la creación de puestos de trabajo apenas guarda relación con ese hecho sino con que las empresas vean oportunidades de negocio y con que haya crédito para financiar las inversiones y reactivar el consumo. ¿Tiene para eso alguna sugerencia brillante el ocurrente comisario?

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