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El asombro del mundo

Ha dicho Montoro que no tardará España en volver a ser el asombro del mundo y, si él lo dice, así será. Preparémonos por tanto para convertirnos en algo así como la octava o la novena maravilla mundial, que ya he perdido la cuenta. Dejaremos boquiabierto al mundo, pasmado de asombro y envidia ante lo que España es capaz de hacer con un gobierno como el actual y, sobre todo, con un ministro como Montoro, él mismo asombro de propios y extraños, mayores y pequeños, hombres y mujeres, laicos y seglares, etc.

Las bases para que España maraville tanto o más que las pirámides de Egipto, los jardines colgantes de Babilonia, el Faro de Alejandría o el Coloso de Rodas están puestas. Veamos algunas: en unos años España aportará uno de cada tres pobres a la Unión Europea, toda una contribución al asombro internacional. Ya aportamos una buena parte de los parados, de los pensionistas con peores pensiones y de los estudiantes con el futuro más negro.

Nuestra contribución al asombro mundial incluye también un tesorero político trincón con millones de euros en Suiza, un presidente de gobierno pillado en una maraña de mentiras y medias verdades, una oposición en un quiero y no puedo, el presidente de un tribunal de garantías constitucionales afiliado a un partido político, una clase dirigente atornillada al sillón del poder pidiendo la dimisión de los rivales y una clase empresarial babeando de placer ante cada vuelta de tuerca laboral. Del mismo modo asombramos por nuestra determinación para acabar con los políticos corruptos pero no dejamos de votar por ellos y aplaudirlos a la salida de los juzgados a la vez que hacemos aeropuertos para las personas y los pájaros.

No se agotan aquí las maravillas que hacen de España el asombro ya no sólo mundial sino intergaláctico, que se queda corto Montoro, de natural modesto. Tenemos los jugadores de fútbol más caros del mundo y los índices de pobreza más altos de Europa, al mismo tiempo que cambiamos las leyes nacionales y aprobamos excepciones fiscales para que magnates de puro y billetera conviertan medio Madrid en un tugurio gigantesco y exclusivo.

No se vayan que hay más: les sacamos las castañas del fuego a los bancos y le damos largas a desahuciados y estafados; somos un país hecho de retazos que cada día amenaza con romper las costuras pero tratamos el problema con displicencia y desdén, nos decimos soberanos pero inclinamos la cerviz ante los mercados, ponemos en venta los hospitales públicos para garantizar la sanidad universal y de calidad y ahorramos en seguridad ferroviaria; les pasamos factura por los medicamentos a los pensionistas y les perdonamos sus deudas a los defraudadores fiscales; subimos los impuestos cuando prometemos bajarlos y recortamos las pensiones cuando prometemos mejorarlas.

Y aún más: obligamos a los estudiantes más pobres a demostrar que son más listos que los ricos para recibir una ayuda pública, animamos a nuestros jóvenes a buscarse la vida en otros países y decimos que eso es bueno y que se llama “movilidad exterior”; aseguramos que somos un país aconfesional pero le damos cada vez más cancha a la enseñanza religiosa y seguimos acudiendo con mantilla y peineta a la procesión del Corpus y al Vaticano de Roma en donde, por cierto, parece que se ha colado un “rojo” de rondón; nos enorgullecemos de ser modernos y civilizados y seguimos quemando, desriscando y alanceando toros, cabras, burros y lo que se nos ponga por delante.

Y sigue la lista de maravillas: somos un país antiguo que ama y apoya la cultura pero subimos los impuestos al teatro y al cine y, de paso, ponemos a los artistas a parir si osan expresar en público sus opiniones. De remate, se nos llena la boca de grandes palabras sobre la Justicia pero la manipulamos y politizamos y le ponemos tasas de acceso.

También hay cosas buenas pero no son tan maravillosas como las de la lista anterior. Aunque se queda corto Montoro en una cosa: no somos o seremos el asombro del mundo, lo que en realidad somos ya es el estupor del planeta y de la galaxia.

Comentarios

  1. No se por qué me evocó la confluencia cosmica de Pajín
    Saludos.

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    1. Pues sí, algo se le debe de haber pegado a Montoro. Saludos.

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