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Infanta Cristina: yo, mi, me, conmigo

La Agencia Tributaria ha descubierto que, al viejo y acreditado estilo de Juan Palomo – yo me lo guiso, yo me lo como – la infanta Cristina y su marido se autoalquilaban a sí mismos su coqueto palacete de Pedralbes como sede de la empresa Aizoon. Lo ha publicado el diario El Mundo y se trata de la misma empresa en la que, a pesar de compartir la propiedad con Iñaki Urdangarín, la hija del rey sólo ejercía de mujer florero, a decir de la fiscalía anticorrupción.

Arrendador: Cristina; Arrendatario: Cristina
Para los que se hayan perdido en los muchos vericuetos y meandros del caso, cabe recordar que Aizoon es la empresa patrimonial – mejor dicho, instrumental o tapadera – a través de la que los duques de Palma vaciaban la caja fuerte de esa otra filantrópica compañía llamada Instituto Nóos que utilizaban para sangrar a algunas comunidades autónomas y ayuntamientos dirigidos por complacientes políticos dispuestos a darlo todo por la monarquía.

Autoalquilándose su propia residencia como sede de su empresa pantalla conseguían engañar a Hacienda haciéndole creer que los beneficios eran menores y se evitaban el pago de los correspondientes impuestos. La verdad es que la táctica defraudadora resulta un poco burda y pueblerina, pero lo cierto es que ha conseguido engañar a Hacienda durante varios años y le ha permitido a la infanta y a su esposo embolsarse unos 30.000 euros que deberían haber ido a parar a las arcas públicas, al tiempo que se quedaban con el dinero público desviado desde el Instituto Nóos.

Dicen ya muchos que este descubrimiento pone de nuevo a la infanta a las puertas de los juzgados de Palma en calidad de imputada. Lo reconoce hasta su propio abogado, aunque el de Iñaki Urdangarín se ha desecho en explicaciones no pedidas – excusatio non petita, accusatio manifesta en las que asegura que él ha estado allí, en el palacete de Pedralbes y que, efectivamente, allí están las oficinas de Aizoon. Conclusión: todo es legal y transparente para el letrado de la infanta que, sin embargo, no ha concretado si vio también a hija del rey en traje de faena atendiendo el teléfono y autofacturándose algún zafari, algún vino caro, unas acciones, unas clases particulares o alguna cena de alto copete.

Ahora solo falta saber qué dice la fiscalía anticorrupción y la abogacía del Estado, que en su día se emplearon a fondo para anular la imputación de la infanta hasta que lo consiguieron para satisfacción de la Casa Real y del Gobierno. ¿Era la hija del rey una pieza decorativa del entramado de su marido para desviar a su bolsillo y al de su consorte el dinero público obtenido a través del Instituto Nóos o era parte activa y consciente de la trama como se deduce de este surrealista autoarrendamiento? Ardemos en deseos de escucharles.

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