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Un ministro canario en Madrid

Analizar los Presupuestos Generales del Estado para 2014 requiere el uso de guantes para no cortarse, mejor dicho, para no recortarse. Las cuentas públicas de la “recuperación” tienen tantas y tan afiladas aristas que cualquier descuido puede terminar en profundas heridas. Apartemos con cuidado las cifras que corresponden a Canarias y echemos un vistazo. Desde que el PP llegó al gobierno, la comunidad autónoma con la segunda mayor tasa de paro del país no ha dejado de perder peso en las cuentas del Estado.

Así, de los 1.200 millones de euros que recibió en 2010 con Zapatero aún en La Moncloa y que llevó al PP canario a abandonar el gobierno autonómico por considerarlos insuficientes, el año que viene se pasará a algo más de 600. Un recorte por tanto hasta la mitad del hueso, cabe decir, desde que Mariano Rajoy lleva las riendas de este país por la senda del crecimiento y la creación de empleo. En los presupuestos estatales del año que viene, la comunidad con más necesidades recibe una nueva bofetada en forma de cero euros para el ya histórico Plan Integral de Empleo, recorte drástico en fondos para formación de desempleados, lo mismo que este año para infraestructuras y más de un tercio menos para compensar los desequilibrios territoriales.

Por no entrar en la letra más pequeña aún a propósito de partidas comprometidas para cuestiones como reposición de viviendas largamente prometidas y sin contar que las Islas también se verán agraciadas en la pedrea presupuestaria de la miserable subida de las pensiones – en Canarias de las más bajas del país - o la congelación salarial de los empleados públicos – con un alto porcentaje de mileuristas en el Archipiélago.

A la vista de estos cuatro datos escogidos casi al azar pero muy significativos son notables los esfuerzos del PP canario por justificar lo injustificable mientras el resto de las fuerzas políticas, los sindicatos y hasta los empresarios tocan a rebato. Vale, admitamos que hay que racionalizar el gasto de las administraciones y pagar la deuda pública, aunque buena parte de ella sea la consecuencia de los generosos rescates bancarios que, a día de hoy, siguen sin servir para que circule el crédito. Obviemos incluso el debate nada superfluo sino todo lo contrario entre austericidio a macha martillo un año sí y al otro también y políticas de reactivación económica.

Aún así, no se entiende qué criterios sigue el Gobierno español para asignar a Canarias un porcentaje de las cuentas públicas que apenas alcanza la mitad del PIB de la comunidad autónoma, que no se corresponde con la población insular y que año tras año aleja más la inversión per capita en las islas de la media nacional, contraviniendo sin ningún pudor lo que establece el Régimen Económico y Fiscal canario, una suerte de Constitución económica de este archipiélago.

Y puesto que no hay criterios presupuestarios razonables que expliquen este trato inicuo para con la comunidad autónoma más alejada del territorio peninsular y con las mayores tasas de paro y exclusión social, sólo cabe pensar en intencionalidad política, en mala intencionalidad política para ser más precisos. Que el PP sea oposición en Canarias seguro que tiene mucho que ver con ese trato y es aquí en donde se agranda poderosamente la figura de José Manuel Soria, al que algunos llaman con inconfundibles resonancias de caciquismo decimonónico, el ministro canario en Madrid. Si Juan Carlos Senante se preguntaba en una de sus más famosas canciones aquello de “ qué es lo que haces tú aquí, una gaviota en Madrid”, ahora tal vez hayamos encontrado la respuesta.

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