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PP: más nombres que ideas

Lo dije cuando las primarias hicieron a Pedro Sánchez líder del PSOE y lo repito ahora que el PP busca sustituto o sustituta para Mariano Rajoy: centrar el debate en los nombres y no en los proyectos de los candidatos es un síntoma más de la decadencia de los partidos políticos, incapaces de ofrecer a sus militantes y a los ciudadanos algo más que espectáculo mediático. Me parece incluso irrelevante que sean siete - número mágico -  los que se postulan para presidir el PP y pensaría lo mismo si fueran dos o diez. Ya sé que en el PP esto se vende como una muestra de fortaleza y democracia interna y de que hay banquillo de sobra para liderar el partido. Bien mirado, también se puede interpretar con la misma legitimidad que lo que hay en realidad es una alarmante falta de liderazgo claro y definido, después de 14 años de presidencialismo puro y duro con Rajoy al frente de la nave popular. Tengo, además, la sensación de que el desmarque de Núñez Feijoo ha cogido a la mayoría del partido con el pie cambiado. Su renuncia a aspirar a la presidencia tiene a los populares desconcertados y tal vez eso explique la inflación de nombres en un partido en donde siempre se ha hecho lo que dice el jefe máximo y único.

Después de años señalando al político gallego como el sucesor natural de Rajoy - signifique eso lo que signifique - no es fácil encontrarse de la noche a la mañana con que el esperado no vendrá y alguien tendrá que acudir a dirigir la organización. Incluso me parece ocioso detenerme a analizar las fortalezas y debilidades de cada uno de los candidatos, sobre todo teniendo en cuenta que al menos dos tercios de los mismos se van a quedar por el camino. Sería tiempo perdido mientras no dispongamos al menos de más objeto de análisis que las vaguedades y tópicos con las que han dado a conocer sus intenciones al anunciar sus candidaturas. Pues claro que se supone que todos están la mar de ilusionados, que quieren un partido fuerte y cohesionado y volver cuanto antes al poder. Como a los soldados el valor en la batalla, todo eso se le supone a los aspirantes, así que con esos argumentos es imposible ir muy lejos en el análisis salvo que nos entreguemos a la mera especulación.

Foto: El Confidencial Digital
Cuestión distinta sería que cada uno explicara en qué consiste exactamente su proyecto de partido, que piensa hacer para regenerarse de la corrupción que les ha llevado a la oposición o cuál es su salida para Cataluña que no pase única y exclusivamente por los juzgados. Por no referirme también a otras cuestiones nada secundarios como sus puntos de vista sobre el futuro del estado del bienestar, la inmigración o la calidad del sistema democrático. Soy consciente de que no estamos ante unas elecciones generales y no pretendo que presenten un programa electoral, pero sí al menos algunas líneas generales de su ideario político, si es que lo tienen, para saber si hay diferencias significativas o todos piensan lo mismo entre sí. Tanto los militantes como los votantes como los ciudadanos de este país, merecen saber qué piensa sobre los asuntos centrales de la vida pública quienes aspiran a liderar el partido que más escaños tiene en el Congreso. Y si lo que ocurre es que piensan exactamente lo mismo que Rajoy y, además, prevén actuar exactamente igual que el aún presidente, también convendría que lo aclararan.

Pero me temo que me quedaré con las ganas y que en esta carrera por la sucesión de Rajoy habrá mucho pan y circo mediático y político y escaso o nulo debate de ideas propiamente dicho. Que los militantes del PP puedan elegir por primera vez entre las diferentes opciones quién quieren que lidere el partido o que los candidatos puedan debatir entre ellos, es un paso positivo pero insuficiente en tanto no resuelve el problema de fondo: la ausencia total del debate de ideas. Como coinciden en señalar varios politólogos, cuando la política se convierte en un mero entretenimiento para los espectadores, es difícil mantener partidos fuertes. Esto le pasa al PP y al PSOE, por circunscribirnos solo a España. Los socialistas también dieron el  liderazgo a Pedro Sánchez mediante un mero debate de nombres en el que las ideas y los proyectos brillaron por su ausencia. Más allá de algunas circunstancias propias de cada partido, la única diferencia real con lo que ahora ocurre en el PP fue simplemente el número de candidatos.

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