Ir al contenido principal

Mariano Tancredo Rajoy

Cinco avezados periodistas no fueron capaces anoche de arrancarle un titular medianamente potable al presidente Rajoy en la entrevista que le hicieron en Televisión Española. Y no es que les faltaran tablas y hasta colmillo retorcido a la mayoría de los entrevistadores, es que cuando uno no quiere ni cinco ni diez ni todo un país puede. Vano esfuerzo el de la televisión pública que se pasó todo el fin de semana autopromocionando la entrevista con Rajoy, la primera que ofrece el presidente a una cadena de televisión desde que llegó a La Moncloa. A la vista de los resultados, mejor hubiese programado un capítulo de Cuéntame.

Las respuestas de Rajoy, en un tono que pretendía ser didáctico pero que en la mayor parte de las ocasiones se quedó en un mero encastillamiento en sus posiciones ya de sobra conocidas, no sólo decepcionaron sino que no arrojaron la más mínima luz sobre lo que se propone hacer el presidente en los próximos días o semanas en asuntos como el tan traído y llevado rescate que él, por supuesto, evitó llamar así o adoptó un tono desdeñoso cuando lo hizo.

Como es lógico negó haber presionado al BCE para que compre deuda de países en apuros como España, pero se mostró encantado de que eso vaya a ocurrir en tanto le insufla oxígeno para aguantar ¿hasta las elecciones gallegas? Por cierto, preguntado por la posibilidad de que el PP pierda la mayoría absoluta en la tierra natal del líder, Rajoy no se cortó un pelo de la barba para hacer campaña electoral en la televisión pública en favor de Feijóo.


Por lo demás, sus razonamientos sobre el déficit – es más importante recortar el déficit que eso que usted llama rescate, le espetó a una de las periodistas – suenan ya a canción del verano, al igual que esa insufrible cantinela de que todas las medidas que su gobierno está tomando servirán para crecer y crear empleo; cuando se le preguntó por iniciativas que incentiven de verdad la economía más allá de los recortes en el estado del bienestar, entonó de nuevo el estribillo del control del déficit en el que este hombre de fe inquebrantable en el masoquismo fiscal que predica e impone su amiga Angela Merkel ve la panacea a todos los males del país.

Su reiterada promesa de que no tocará las pensiones – las personas que tienen 80 o 75 años ya no pueden ponerse a buscar trabajo ¡gran razonamiento! - sonó a que efectivamente las tocará a la vista de que, como él mismo tuvo que admitir, tampoco quería subir los impuestos directos e indirectos, ni recortar en sanidad o en educación o en servicios sociales y tuvo que hacerlo porque no había más remedio si queremos controlar el déficit para que que se crezca y haya enmpleo. ¡ Qué cansino puede llegar a ser este hombre! Que Rajoy esté muy contento con los resultados de la reforma laboral no debe sorprender a nadie siempre que se crea en que cuando la situación mejore la reforma será un elemento fundamental - ¿saben para qué? - para crecer y crear empleo. Nunca lo hubiera imaginado.

Ahora que el PP ha puesta en marcha la cruzada protaurina conviene recordar aquí a Don Tancredo, torero de fama mundial cuyo estilo consistía básicamente en salir al ruedo y subirse a una banqueta: allí esperaba a que el bicho embistiera y que, con un poco de suerte, pasara de largo. Y así actúa también Rajoy aunque con una diferencia con respecto a Don Tancredo: desde la banqueta del Gobierno, él azuza al toro para que cornee al respetable y aspira encima a cortar orejas y rabo y a salir a hombros por la puerta grande.

Comentarios

Entradas más visitadas

Los gestos de Sánchez

Hoy quiero empezar tirando de refranero antiguo y diciendo aquello de bien está lo que bien acaba. Me explico: tal y como había vaticinado casi todo el mundo, los primeros pasos de Pedro Sánchez en La Moncloa se están caracterizando sobre todo por los gestos. Ya sé que a la oposición o le parece filfa o le parece devolución de favores a quienes hicieron a Sánchez presidente en la moción de censura. Nada nuevo bajo el sol ni nada que objetar a la oposición que de manera legítima quieran hacer Ciudadanos y el PP. A ellos menos que a nadie se le escapa la escasa capacidad de maniobra de un presidente con escuetos apoyos parlamentarios y un presupuesto cerrado. Con esos mimbres, poco más que enviar mensajes al electorado a través de gestos que no cuesten mucho dinero puede hacer el presidente. La oposición lo sabe y lo explota con todo el derecho político del mundo y ningún reparo cabe ponerle. Sánchez hace lo que le marca el guión de la situación política: enviar a la sociedad el mensaje…

¿Hacia una democracia sin partidos políticos?

"La era de la democracia de partidos ha pasado". Así de contundente y taxativo comienza Peter Mair su libro "Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental", (Alianza, 2015). A pesar de que se publicó hace ya tres años, estamos ante una obra que lejos de perder vigencia la ha ganado. En opinión de P. Mair, aunque los partidos permanecen, se han desconectado hasta tal punto de la sociedad y están tan empeñados en una clase de competición que es tan carente de sentido, que no parecen capaces de ser soportes de la democracia. Incide el autor en la creciente devaluación del demos ante una idea de la democracia en la que el componente popular se vuelve irrelevante y hasta superfluo. De esa idea es buen ejemplo la corriente de pensamiento partidaria de poner las decisiones importantes en manos de expertos que no rinden cuentas para evitar que las tomen políticos urgidos por los ciclos electorales.

La lógica reacción de los ciudadanos es la desafección, …

Los inmigrantes para quienes los quieran

La UE acaba de parir otro ratón, aunque en realidad ya ha parido tantos sobre tantos asuntos que uno más apenas se nota. Después de días hablando de la trascendental cumbre sobre inmigración de este fin de semana, los jefes de estado y de gobierno se han pasado casi 14 horas negociando un acuerdo que, en síntesis, se traduce en que se ocuparán de los inmigrantes que lleguen a las costas europeas aquellos países a los que les apetezca hacerlo. Se entierra el sistema de cuotas obligatorias de inmigrantes por países que nadie cumplió y, en lugar de hacerlo cumplir, se da paso a la pura y dura voluntariedad para responder a un problema de una enorme envergadura humanitaria. Es lo que hay y no busquen más. Esa voluntariedad significa, por ejemplo, que aquellos países a los que la inmigración no les importa, no les afecta o las muertes en el Mediterráneo les pillan demasiado lejos de casa, pueden seguir ocupados tranquilamente en sus asuntos como si no estuviera pasando nada de nada. Llama…