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Dimite, mudito

Magnánimo y generoso, Mariano Rajoy acudirá “a petición propia” al Congreso de los Diputados para dar “su versión” de “eso que a usted le preocupa”. La frase no tiene desperdicio. Fue su respuesta a un periodista rumano, lo que pone de manifiesto que hasta en el país del conde Drácula saben que en España hay un tal Luis Bárcenas que fue tesorero del partido en el Gobierno hasta el otro día y que ha amasado una fortuna millonaria chupándole la sangre a las empresas que buscaban contratos públicos al tiempo que repartía espléndidos sobres entre los dirigentes de ese mismo partido.

El nombre de ese vampiro de las finanzas populares que ahora duerme en una fría celda de Soto del Real se le sigue atragantando a Rajoy. El presidente tampoco ha sido capaz de pronunciarlo hoy y veremos si lo llegamos a escuchar de sus labios cuando se produzca esa comparecencia parlamentaria “a petición propia”. Su antológica frase demuestra que Rajoy carecerá de muchas cosas pero no del sentido del humor y la ironía: que diga ahora que dará explicaciones “a petición propia” después de que tanto la oposición como la opinión pública y hasta la prensa internacional se lo hayan venido exigiendo con insistencia desde hace tiempo hasta que no le ha quedado más remedio que ceder y acudir a regañadientes a la Cámara, es uno de los mejores chistes políticos de los últimos años.

Que además diga que lo hará para “dar su versión” hace prever que poco más de lo que ha dicho hasta ahora tiene previsto decir cuando se produzca la comparecencia. De hecho, el remate glorioso de su respuesta de esta tarde fue cuando se refirió al “caso Bárcenas” como “eso que a usted la preocupa”. De lo que se deduce que a Rajoy, que aparece en los papeles de Bárcenas y en los SMS que intercambió con él, no le preocupan la gigantesca trama de financiación ilegal de su partido, los sobresueldos en negro para él y otros dirigentes del PP, su descrédito político y el del gobierno que preside y el daño a la imagen y a la confianza internacional del país. Eso – viene a decir Rajoy – es algo que le preocupa a usted pero no a mi.

Por tanto, que no lancen aún las campanas al vuelo quienes ven en el anuncio de la comparecencia de Rajoy una rendición del presidente ante el clamor social, mediático y político que le exigía una explicación sobre sus relaciones con Bárcenas. Los detalles del pleno aún están por decidir aunque ya hay algunos que invitan a pensar que la sesión puede derivar en un nuevo griterío con más ruido y furia que claridad y transparencia. Para empezar, el hecho de que el propio Rajoy ya haya dicho que hablará también de la situación económica del país. ¿A cuento de qué si de lo que se trata es de dar explicaciones sobre Bárcenas? Pues a cuento de que el jueves se publicarán los datos de la EPA del segundo trimestre del año y ya hay ministros como el de Economía adelantándonos la buena nueva de que serán muy positivos. Como la comparecencia en el Congreso será a posteriori, cabe esperar que el presidente se agarre a ellos para desviar o al menos difuminar la atención del objetivo primero y último de un pleno que debería centrarse en un solo asunto: la corrupción política en el PP y el grado de conocimiento e implicación del propio Rajoy.

Puede que el PSOE haya respirado aliviado hoy al conocer que Rajoy comparecerá y, por tanto, ya no tendrá que continuar adelante con el órdago de la moción de censura. Hasta puede que, aún sin proponérselo, Rajoy le haya hecho un favor a Rubalcaba que se evita así sufrir un revolcón parlamentario después de tomarse las molestias de tener que presentar un programa alternativo y un candidato. Pero no son las tácticas de los partidos lo que preocupa a los ciudadanos, más bien hartos de que todo se mida en función del rédito político que es posible obtener. Es verdad, transparencia y claridad lo que se exige a un mudo presidente del Gobierno que, de la noche a la mañana, descubre casualmente que quiere hablar “a petición propia” para “dar su versión” de eso que “que a usted le preocupa”.

Dimitir es lo que debe hacer y evitarle así al país el bochorno de un presidente que, después de meses sin abrir la boca, ahora no habla de decir la verdad sino de dar "su versión"  sobre unos hechos que no parecen preocuparle y que para la inmensa mayoría de los españoles están meridianamente claros.

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