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Rajoy, un presidente inmerecido

El PP dice que Rajoy “está tranquilo y centrado en salir de la crisis”. Es de suponer que se refiere a la económica ya que la  del hedor que emana de las cloacas de su presunta financiación ilegal está “sujeta a procedimiento judicial” y el PP siempre es respetuoso con la Justicia. Rajoy ha estado hoy Zaragoza haciéndose lenguas de lo bien que empieza a irle a la economía española a pesar del pescozón  del Fondo Monetario Internacional. De nuevo evitó ponerse a tiro de preguntas incómodas sobre el hombre que desde la cárcel empieza a someterlo a una suerte de gota malaya que augura muchas mañanas de gloria para los titulares periodísticos.  

Sí se quejó de que se tienda hablar más de lo que “no es bueno” y pidió que se hable más de lo “importante”. Para el presidente, los papeles en tinta de bic y libreta Miquelrius publicados ayer por EL MUNDO no merecen la más mínima consideración y los que a diario nos tapamos la nariz al leer la prensa o escuchar la radio deberíamos de olvidarnos ya de bobadas como las cuentas en Suiza y los sobresueldos porque, ya saben, “todo es falso salvo algunas cosas”.

Esta mañana la oposición en peso, salvo UPyD – bonito ejemplo de regeneración política el suyo – abandonó la comisión en la que se debatía la Ley de Transparencia. El PP se quedó solo defendiendo algo que nadie con un mínimo de decencia política puede tomarse en serio mientras siguen apareciendo indicios cada vez más contundentes sobre el monopoly montado por Bárcenas en sus dorados años como tesorero popular sin que nadie de los mencionados en sus papeles – empezando por Rajoy – salga a explicar nada de nada.

Al presidente – hombre discreto y prudente como es fama - no le debe parecer bueno que su nombre sea arrastrado todos los días por tertulias, titulares y corrillos de café. Lo verdaderamente gravísimo es que tampoco parezca creer en la urgencia de una aclaración ante los ciudadanos a los que, con escasa autoridad moral para hacerlo, les sigue exigiendo infinitos sacrificios; todo ello mientras se conoce que, siendo ministro de Aznar, presuntamente cobró jugosos pero ilegales sobresueldos del partido obtenidos a partir de comisiones por adjudicaciones públicas de administraciones del PP; él y otros cuantos ministros como Arenas, Álvarez Cascos o Mayor Oreja, todos ellos igual de atorrados estos días que su líder.

Caen chuzos de punta sobre Génova y La Moncloa y hasta Esperanza Aguirre le mete el dedo en el ojo; sin embargo, Rajoy sigue fumándose sus puros, tal vez conservados en las cajas en las que Álvaro Lapuerta le llevaba los sobresueldos – Pedro J. dixit -. Si no fuera indignante movería a risa que, con la pestilencia de la corrupción anegándolo todo, al ministro de Exteriores sólo le alcance el juicio para preocuparse por los negativos efectos del escándalo sobre la marca España, reflejados ya en los titulares que la prensa europea le dedica hoy mismo a las revelaciones de Bárcenas.

Incluso empieza a circular en los mercados internacionales la posibilidad de unas elecciones anticipadas si el ex tesorero consigue tumbar al Gobierno que ha permitido su encarcelamiento y contra el que dirige ya su artillería, seguramente mucha y de grueso calibre.

El lunes tiene cita urgente con el juez Ruz para explicarle lo de la “financiación ilegal” del PP que contó Pedro J. Ramírez el domingo quien, por su parte, se lo contará de viva voz mañana mismo al magistrado. Probablemente se agotará la tila en Génova pero en La Moncloa, Mariano Rajoy guardará silencio y seguirá envuelto en las volutas de su puro, tranquilo y centrado en salir de la crisis. Y es que tenemos un presidente de una templanza y un amor por el bien del país que, sencillamente, no nos merecemos.

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