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Vuelve el petróleo

Le va a costar a Canarias librarse de los negros nubarrones del petróleo. La mayoría de la población de las islas respiró aliviada cuando Repsol recogió velas y abandonó las prospecciones frente a Lanzarote y Fuerteventura asegurando que no había encontrado ni gas ni petróleo que mereciera la pena explotar. Se cerraba así un largo y tenso capítulo de las relaciones entre los gobiernos canario y central con el entonces presidente autonómico, Paulino Rivero, y el ex ministro Soria como máximos protagonistas  del desencuentro. Aquella situación se repite ahora en parte a raíz de la noticia de que Marruecos ha autorizado prospecciones en unas aguas – las del Sahara – que considera suyas por más que la comunidad internacional no le reconozca ese derecho. De nuevo se activan las alarmas ante los riesgos que para el medio ambiente y el turismo, nuestra principal riqueza, representa la industria petrolera. Solo que ahora los protagonistas no son exactamente los mismos. 

En Canarias, su actual presidente, Fernando Clavijo, no fue precisamente el más fervoroso opositor a las prospecciones de Repsol. Tampoco es que estuviera a favor pero sí puso patas arriba a CC cuando afirmó que no las vería mal si había garantías medioambientales , creación de empleo y respaldo de la población.  Ni lo primero era ni es posible al cien por cien, ni lo segundo lo supo o quiso garantizar Repsol ni lo tercero era factible por un elemental sentido de prudencia y supervivencia de los canarios. Por eso, sería conveniente que el presidente y su partido aclararan si la oposición ante los sondeos marroquíes será la misma y de igual intensidad política y social que la que en su día se exhibió ante Repsol. En cualquier caso, es Clavijo el que tendrá que lidiar ahora con la resurrección de un problema que entonces siguió desde la barrera. Con ese objetivo, el presidente canario ha pedido ya una reunión urgente con el ministro de Exteriores para que le informe de los datos que tenga sobre el proyecto marroquí. 
Aparte de eso,  poco más va a conseguir Canarias de un Gobierno como  el de Rajoy, que hizo oídos sordos a la oposición mayoritaria de los canarios a los proyectos de Soria y Repsol. Máxime cuando se trata del proyecto de un país soberano en las que considera aguas bajo su soberanía y con el que España mantiene relaciones tan estrechas como interesadas para ambas partes. Incluso, cabe pensar en la posibilidad de que entre Rabat y Madrid existe algún tipo de acuerdo no oficial para compartir los beneficios de un eventual descubrimiento de gas o petróleo en esas aguas. Al fin y al cabo, bajo el mar no hay fronteras y no es nada improbable que los yacimientos que ahora buscará una empresa estatal italiana sean los mismos o próximos a los que en su momento buscó Repsol. 

Puestos a hacer cábalas, tampoco se puede descartar la posibilidad de algún acuerdo técnico o económico entre la compañía italiana concesionaria de las autorizaciones marroquíes y Repsol para explotar los recursos de una zona en la que desde hace años se busca petróleo y gas, aunque sin resultados conocidos por ahora. También piensa el Gobierno canario recurrir a la Unión Europea, pero esa instancia es también poco susceptible de que actúe para detener los sondeos marroquíes. Marruecos es un socio incómodo para Bruselas y los países comunitarios tienen demasiados intereses de todo tipo en la zona – pesqueros, agrícolas y de seguridad – como para molestarse demasiado por unos sondeos petrolíferos de más o de menos. Así que el panorama se presenta tan oscuro como el petróleo y, además, ni siquiera cabe aquí la posibilidad de una intervención directa de Canarias ante Marruecos, país en el que, por otro lado, también hay importantes intereses de empresas de las islas.

No quiero parecer adivino ni derrotista pero es muy poca mi confianza en que las gestiones canarias o las protestas ciudadanas consigan desviar un milímetro a Marruecos de sus planes. La posibilidad de convertir la zona en una especie de santuario medioambiental o la de financiar con dinero europeo las energías limpias en ese país a cambio de que abandone sus planes petroleros, no parecen opciones muy esperanzadoras. Tampoco parece que tenga mucho recorrido la posibilidad de que la Comisión Europea inste al estado italiano a intervenir para que la empresa de la que es partícipe renuncie a sus planes en Marruecos o los cambie.  Por todo ello, tal vez haríamos mejor en empezar a pensar cómo podrían las islas sacar provecho de un posible hallazgo de hidrocarburos en la zona aunque, en ningún caso, esa posibilidad compensaría un hipotético desastre medioambiental. Eso y cruzar los dedos para que no suceda lo que en absoluto es imposible que suceda. No veo más alternativas. 

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