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Carta abierta a Super Mario Draghi

Muy Excelentísimo, Ilustrísimo, Reverendísimo y Magnífico Señor de los Mercados y Presidente del Banco Central Europeo.

Pido humildemente perdón por la impertinente osadía de dirigirme a Vuestra Alta Sapiencia Económica, aunque bien sé que ante un descaro tan descomunal no puede ni debe haber siquiera compasión. Conozco lo terriblemente ocupada que se encuentra Su Eminencia Mercantil y Bancaria intentando evitar que el euro se vaya a hacer puñetas – le suplico que perdone mi lenguaje llano – y no soy ajeno a las tribulaciones y malas noches que tiene que sufrir por culpa de esos necios gobernantes que sólo piensan en sus intereses a corto plazo, al contrario que Usted, que se desvive día y noche por el bienestar eterno de los Sacratísimos Mercados.

Abusando de su magnánima generosidad y paciencia, me permito decirle que conozco su rutilante carrera en el siempre árido e ingrato desierto de la política y la economía. Desde que se dedicó en su hermosa tierra natal italiana a privatizar todas las empresas públicas que se le pusieron a su alcance soy un rendido admirador suyo. Sin embargo, mi veneración superó todo lo imaginable cuando, en premio a su inconmensurable valía, se le elevó merecidamente a la vicepresidencia europea del banco Goldman Sachs que, por pura casualidad, se quedó con el cien por cien de una de las empresas por Usted privatizadas. No crea que pienso mal, Dios me libre, siendo como es Goldman Sachs una de las más deslumbrantes joyas de la gran corona de los Mercados Mundiales que se adorna con otras no menos resplandecientes como Lehman Brohers o JP Morgan.

Con Usted en Goldman Sachs, su compañía rindió un gran servicio a los griegos aconsejando al presidente Kostas Karamanlis cómo escamotear un préstamo de 1.000 millones de euros para que no computase como deuda pública. Muchos ignorantes aseguran que fue Usted personalmente quien diseñó la maniobra y se atreven incluso a afirmar los muy blasfemos que aquella ocultación, y no su mala cabeza, es el origen de todos los males que padecen hoy los griegos.

Después vino su triunfal paso por el Banco de Italia y, finalmente, la Gran Recompensa por sus abnegados servicios a la causa de la Gran Divinidad Mercantil: ¡Presidente del Banco Central Europeo! Ahora, desde su Elevada Responsabilidad, gobierna Usted con mano firme el timón de una nave que por momentos parece a punto de zozobrar, aunque yo sé de su templanza y estoy convencido de que, con un capitán de su valor, energía y conocimientos al mando, no tenemos nada que temer. 

Le cuento esto porque he roto a llorar de emoción al leer con el habitual interés y detenimiento el último boletín del egregio Banco Central Europeo que Usted tan brillantemente dirige. Se proclama en él que es “prioritaria” – y reproduzco literalmente para no cometer un error imperdonable - "una respuesta flexible de los salarios a las condiciones imperantes en los mercados laborales de la zona euro”. Para los analfabetos económicos como yo, el propio boletín aclara que "las rigideces a la baja de los salarios limitan la necesaria flexibilidad en la respuesta de los salarios a las condiciones del mercado de trabajo para estimular la creación de empleo". Ahora sí: más claro, ni el agua. 

Y para que compruebe que lo he entendido perfectamente y que mi fervor por sus enseñanzas es profundo y sincero, deseo comunicaros que ya he solicitado formalmente a mi empresa que, si lo tiene a bien, me rebaje el salario un 99%, suprima festivos, días libres, vacaciones y bajas por enfermedad y triplique la jornada laboral. Me han dicho que lo pensarán detenidamente y rezo a Dios para que la respuesta sea favorable.

Estoy convencido de que, si no imperase el egoísmo y el desenfrenado amor por el dinero y todos siguiésemos al pie de la letra las recomendaciones de Vuestra Alta Sapiencia Económica, la salida de la crisis sería cosa de días: retoñarían brotes verdes por doquier y antes de que nos diésemos cuenta ya habrían cubierto con sus frescos ramajes las Altas Torres en las que tiene su morada la Gran Divinidad Mercantil. Me comprometo humildemente ante Usted a convertirme en mensajero de su Palabra y guerrero de su Causa Sagrada por la que estoy dispuesto a darlo todo, incluso la vida si es preciso.

Su afectuoso y siempre rendido esclavo.

¡Viva Super Mario!
¡Larga y Saludable Vida a los Mercados!
¡La Gran Banca Vencerá!

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